Presupuesto a partidos, dinero desperdiciado: Andares Políticos, por Benjamín Torres Uballe

21 - Agosto - 2017 | 8:46 am

Andares Políticos

Presupuesto a partidos, dinero desperdiciado

Benjamín Torres Uballe

Los privilegios que se otorgan a los partidos políticos en México producen en la ciudadanía una profunda molestia. Las prerrogativas son de tal cuantía que, permanentemente, vivales o grupos de ellos tratan a toda costa de fundar agrupaciones “dedicadas” a la política, con el fin primordial de vivir espléndidamente, enriquecerse inmoralmente, lucrar con toda clase de negocios, colocar a séquitos de familiares, amigos e incondicionales, y, si la protección lo permite, saquear el erario.

Para el próximo 2018, el Instituto Nacional Electoral (INE) oficializó ya el financiamiento que se otorgará a los nueve partidos nacionales y candidatos independientes, una cifra sin precedente que asciende nada menos que a 6 mil 788 millones de pesos. Monto inaceptable en un país subdesarrollado donde la mitad de su población se encuentra en situación de pobreza, según datos del Coneval, o sobrevive laborando en la informalidad, carente de seguridad social.

El absurdo e inmoral derroche de los recursos públicos destinado a mantener forzosamente a los improductivos institutos políticos no hace sino alimentar la voracidad de parásitos y cúpulas que se adueñan de éstos. El PVEM, PT y Morena son un ejemplo irrefutable de ello, pero también el PRI, PAN y PRD, así como Movimiento Ciudadano, Nueva Alianza y Encuentro Social.

Más agrupaciones políticas no inciden necesariamente en mejor democracia; eso está demostrado en todo el mundo. Las naciones consideradas desarrolladas no cargan con tan pesado lastre. Pero aquí en México, la nomenclatura es experta en crear y alimentar instituciones y aparatos burocráticos que demandan vorazmente valiosos recursos. El propio INE es uno de ellos. No obstante, el tema ha sido tomado a la ligera y los partidos ahí siguen: cual inamovibles virreyes.

Como sociedad, no conocemos a un actor o agrupación política pobre; por el contrario, ambos medran con los puestos públicos, con decisiones que en primera instancia los benefician a ellos y al ignominioso grupo multicolor que conforman, enquistado desde hace años en las áreas decisivas capaces de influir en los destinos de esta nación. El interés ciudadano es lo que menos importa a los “profesionales” del jugoso negocio político mientras reciban cuantiosos financiamientos. A ningún mexicano nos fue preguntado si estamos de acuerdo en esa inmoralidad.

Si en algo son expertos consumados los integrantes de la cúpula burocrática nacional es en el arte del escapismo, de escurrir el bulto, de encontrar la excusa puntual para justificar sus atrocidades y componendas. Luego de aprobar el viernes pasado tan escandaloso volumen de recursos públicos a partidos y candidatos independientes para el próximo año, Lorenzo Córdova Vianello, el discriminador presidente consejero del INE, se atrevió a declarar: “este proyecto de acuerdo no es una determinación arbitraria del INE, sino la aplicación de una fórmula de cálculo de la bolsa de dinero público que ha generado un consenso político y que se ha plasmado en la Constitución”.

Constitución que, por cierto, es necesario recordarle a Lorenzo Córdova, ha sido “mangoneada”, modificada en innumerables ocasiones en beneficio de la clase dominante; por eso, que el Gran Jefe Chichimeca se escude en la carta magna no deja de ser perverso y ridículo. Nada justifica que los impuestos de los atribulados contribuyentes se destinen a propósitos que ningún beneficio aporta a la enorme mayoría de mexicanos, quienes hoy están hartos de la clase política.

Así que, aunque Córdova Vianello reconozca que el financiamiento para 2018 será “el más alto de la historia que el Estado mexicano destinará a financiar la política” y admita sin cortapisas que éste provoca una intensa “controversia” en la sociedad, “el financiamiento público que propone el INE genera y es la base para propiciar condiciones de equidad, autonomía de la política frente a los intereses privados o eventualmente ilegales”. Una retórica que, por falaz, es totalmente increíble.

Y en el colmo del cinismo y la demagogia, el presidente del INE hizo un llamado para que, “con serenidad y con objetividad”, se analice entre los actores políticos del país “la pertinencia de una racionalidad del propio financiamiento. Este es el monto con el que iremos a las elecciones de 2018, pero al cabo de las mismas me parece que es pertinente que haya una amplia discusión nacional, sin atavismos, para atender lo que es un legítimo reclamo de la propia sociedad”.

No se puede pedir peras al olmo. Dichos “actores políticos” esperan con ansiedad los recursos asignados y lo que menos hacen es ser cuidadosos y racionales con el dinero que nos les cuesta el menor esfuerzo ganar, que, además, sólo les sirve para promociones personales y maquinar cuanto negocio les sea posible. Por eso el pronunciamiento de Lorenzo Córdova resulta hilarante.

Ya no queda sino esperar a ser testigos cómo, en el marco del inminente proceso electoral, los 6 mil 788 millones de nuestros recursos son dilapidados en guerra sucia, intrigas, filtraciones, toneladas de propaganda inservible, millones de spots ridículos y  las infaltables transas al amparo de las campañas electorales. En palabras llanas, ver cómo el presupuesto a los partidos es tirado a la basura y a los bolsillos de no pocos políticos. Pobre México, tan sobrado de corrupción… y de partidos políticos.

@BTU15

El verdadero rostro del empleo en México: Andares Políticos, por Benjamín Torres Uballe

16 - Agosto - 2017 | 10:03 am

Andares Políticos

El verdadero rostro del empleo en México

Benjamín Torres Uballe

Apenas el mes pasado escuchamos al presidente Enrique Peña Nieto referirse con optimismo, en los siguientes términos, a los datos laborales dados a conocer por el IMSS, correspondientes a junio: “Estas cifras son relevantes porque, más que cualquier otro indicador económico, el empleo se ve reflejado directamente en el bienestar de las familias”.

“Nuevamente se trata de cifras históricas: el número de nuevos empleos en el mes fue de 86,233 trabajadores…”, enfatizó el mandatario, y concluyó su mensaje afirmando que “éste es, sin lugar a dudas, el sexenio del empleo”. Una afirmación inaceptada, tal cual, por los especialistas.

Si bien la generación de puestos de trabajo durante la administración peñista ha sido relativamente constante y suma más de medio millón de plazas en el primer semestre del año, la información oficial debe ser analizada en el contexto íntegro del entorno de trabajo que prevalece en el país. Es imposible separar la mera creación de empleos con la calidad de éstos. La cantidad no implica necesariamente —y aquí diferimos sustancialmente con la apreciación presidencial— prosperidad en los bolsillos y mesas familiares.

Muestra de ello son los resultados de la Encuesta Nacional de Ocupación y Empleo, del trimestre abril-junio de 2017, publicada este lunes por el Instituto Nacional de Estadística y Geografía (INEGI). El contenido arroja que en dicho periodo hubo 1.9 millones de personas desocupadas; en tanto, la población subocupada se ubicó en  3.8 millones, mientras la “población ocupada Informal” (sic) totalizó 29.5 millones de personas.

Como puede observarse, al agregar esta variable del INEGI, los resultados del empleo no son precisamente envidiables. Por el contrario, que casi 30 millones de mexicanos trabajen en condiciones de informalidad, sin ninguna seguridad social, es una vergüenza gubernamental. El futuro  que espera a esos connacionales es sencillamente catastrófico. Particularmente cuando lleguen a la tercera edad, sin ahorros y sin servicio médico.

Resulta indispensable recordar —quizá no lo sepan con certeza en Los Pinos— que en los 70 años del PRI en el poder y en los 12 del panismo, muchos habitantes de esta grandiosa nación han tenido que buscar trabajo y mejores oportunidades en Estados Unidos, dada la incapacidad de esos gobiernos para producir condiciones laborales que satisfagan las necesidades primordiales con las que una familia puede vivir decorosamente y logre, a la vez, un desarrollo respetable.

Seguir generando de manera automática fuentes de trabajo carentes de salarios dignos, sólo para impactar en las cifras y buscar el lucimiento mediático, en poco ayuda al verdadero crecimiento de México y sus ciudadanos. Es apremiante la creación de empleos productivos con sueldos que permitan a los trabajadores aspirar a mejores niveles de vida y progreso.

Hoy, insistimos, resulta una afrenta que la tasa de informalidad laboral en la república mexicana sea de 56.7% (porcentaje respecto a la población ocupada). Bajo estas condiciones indignas, es imposible mencionar siquiera supuestos avances en materia laboral y salarial. Cubrir sueldos de hambre es una acción inmoral y condenable. Muchos empleos y poca paga en nada ayudan.

Y el gobierno es un mal ejemplo en las perniciosas prácticas laborales. Es un “campeón” a la hora de escatimar seguridad social a empleados que contrata por honorarios para ahorrarse la seguridad social. El referido informe del INEGI lo incluye en la deleznable costumbre, al señalar que la “población ocupada informal” por empresas, gobierno e instituciones tienen laborando a 7 millones 204 mil 584 de personas. De esto, al Presidente no lo hemos escuchado decir ni pío.

TAMAULIPAS DE TODOS, MENOS DEL GOBIERNO

No hay un solo día que Tamaulipas no sea protagonista de la nota roja en los medios de comunicación. Ahí, simplemente, y duele decirlo, no existe estado de derecho. Los diversos grupos criminales han impuesto su ley desde hace años y en el actual gobierno, encabezado por el panista Francisco García Cabeza de Vaca, la inseguridad se agudizó a niveles demenciales.

El lamentable secuestro y asesinato de la ciudadana española María del Pilar Garrido Santamans sólo confirma el caos y la falta de gobernabilidad que impera en la entidad. Reynosa es un claro ejemplo de ello. ¿Alguien se atreverá a poner orden en el estado fronterizo?

MIGUEL ÁNGEL MANCERA Y LA SUCESIÓN

Quien trabaja jornadas intensas debido a su doble tarea como jefe de gobierno capitalino y presidente de la Conago es Miguel Ángel Mancera Espinosa. El mandatario está inmerso en ambas tareas y, además, prepara su quinto informe de actividades que rendirá el próximo mes.

Desde ahora, Mancera Espinosa analiza el terreno para que, después de esa fecha, deje el antiguo Palacio del Ayuntamiento con objeto de concentrarse por completo en su proyecto presidencial y también elegir a su sucesor. Para esto, suenan varios nombres, no obstante, los más viables parecen ser José Ramón Amieva, secretario de Desarrollo Social, y Luis Serna, secretario particular del Ejecutivo. Todo indica que este último será el ungido, pues es gente de toda la confianza y amigo desde niño del doctor Mancera; otro punto a su favor es que conoce perfectamente el estilo y estrategia política del jefe de gobierno. Vamos a ver quién llega.

@BTU15

El Patrón y la narcocultura: Andares Políticos, por Benjamín Torres Uballe

14 - Agosto - 2017 | 10:58 am

Andares Políticos

El Patrón y la narcocultura

Benjamín Torres Uballe

El caso de Rafael Márquez Álvarez ha sido analizado en estos días de manera seria y objetiva, pero también a priori de forma frívola, simplona y torpe. El tema no puede ser reducido a la simple etiqueta circense de un futbolista cualquiera, ligado presuntamente a un capo del crimen organizado. El famoso Kaiser es nada menos que el capitán de la Selección Mexicana de Futbol, deporte que domina abrumadoramente nuestro país y del cual se derivan una serie de implicaciones sociales. Referirse al futbol sólo como un deporte es hacerlo de modo miope.

Márquez Álvarez, conocido como El Patrón en el interior del equipo nacional por su fuerte liderazgo e influencia, es el segundo jugador de mayor importancia en la historia surgido del mediocre balompié doméstico, sólo después del gran Hugo Sánchez. Rafa exhibió por años su extraordinaria calidad como profesional en la mejor liga del mundo: la española. Ahí fue campeón con el Barcelona, siempre en la plantilla titular. Previamente lo hizo con el Mónaco, en Francia; posteriormente pasó por la MLS en Estados Unidos y, ya en las postrimerías de su exitosa carrera, jugó en Italia, para luego regresar al Atlas.

Por los blasones del michoacano, la noticia del Departamento del Tesoro de los Estados Unidos, que lo relaciona a presuntos vínculos con un narcotraficante, cayó como bomba en la opinión pública. Lo extraño de las acusaciones es que éstas se originan en la unión americana y no en el territorio mexicano. Igual que en otros casos, de inmediato asoma el “sospechosismo”, pues no es posible entender que si a Rafa lo investigaban desde hace años los gringos, en México las autoridades —todo indica— parecieran desconocer tales pesquisas. Es decir, fueron ignoradas.

Y las suspicacias aumentan porque el destacado seleccionado nacional siguió participando y capitaneando al Tri en todos estos meses, a pesar de que ya era investigado por el gobierno estadunidense. Muy mal parada queda la administración peñista en este escándalo, donde es justificada la percepción social de que no fue enterada a tiempo para que no hubiese fuga de información y por la alarmante corrupción en el desprestigiado sistema judicial mexicano.

No obstante, más allá de que las acusaciones caen sobre dos personajes muy populares —el cantante Julión Álvarez es el otro—, la cuestión de fondo radica en cómo las redes del narcotráfico se han extendido de manera tan eficaz a prácticamente todos los sectores sociales del país, sin que el gobierno tenga la menor idea de cómo evitarlo. Incluso, zonas enteras de la república mexicana se han visto controladas por las cada vez más violentas bandas del crimen organizado.

La profunda descomposición social, aunada a las corruptelas de las autoridades, sumadas a un gobierno indolente e incapaz y al ilimitado poder del narco, conforman un peligroso coctel que, de manera inexorable, intoxica a cuanto individuo e institución convenga a sus intereses.

Así es como, por ejemplo, los Abarca —amigos de Andrés Manuel López Obrador— llegaron a la presidencia municipal de Iguala, o el Cártel de Tlahuac del finado El Ojos, pudo apoderarse de la demarcación morenista en la Ciudad de México, pero también que gobernadores cedieran a favor de los intereses del crimen organizado. Tomás Yarrington, Eugenio Hernández Flores y José Jesús Reyna García son muestra fehaciente de esa podredumbre. También el ex fiscal de Nayarit, Edgar Veytia. Tal como se ve, nada parece frenar al flagelo que está por todas partes.

Referirse a la narcocultura en México no es adentrarse ociosamente en el terreno de las conjeturas o de la fantasía. Es tocar una de las mayores amenazas para la sociedad entera, al ya de por sí frágil estado de derecho y a la incipiente democracia. Panorama real y desolador capaz de convertir en víctima a quien se desborde en sus ambiciones, por más famoso y popular que sea.

Desde luego que el triste y por demás dantesco entorno que priva en nuestra nación no es nuevo, hace años la violencia llegó para quedarse y cobrar la vida de miles de connacionales. Hoy, lejos de mejorar, el país azteca ha empeorado en ciertos aspectos fundamentales; el principal: la seguridad. No en vano está considerado uno de los más violentos en el mundo. Sin duda, uno de los factores que influyen decididamente en ello es el narcotráfico, la llegada de la narcocultura.

“México es hoy muy distinto al de hace cinco años”, presumió el presidente Peña Nieto en la XXII Asamblea del PRI el pasado sábado, y en esto claro que estamos de acuerdo: actualmente la cifra de muertes violentas es mayor y apunta a que 2017 sea el más violento del sexenio, hay dos millones adicionales de pobres generados en la administración actual, la corrupción está a niveles nunca antes vistos y el deschavetado mandatario estadunidense trata al gobierno peñista como un auténtico lacayo. Definitivamente: México es otro, nadie tiene duda al respecto.

Naucalpan avanza en seguridad

Hablando de violencia, el gobierno de Naucalpan se preocupa por frenar y erradicar la inseguridad. Está convertido en uno de los municipios mexiquenses que más invierten en seguridad. El domingo reciente fue inaugurado por el alcalde Edgar Olvera Higuera la aplicación digital C4-24, con la cual los ciudadanos tendrán desde su celular respuesta inmediata a las emergencias.

Dicho dispositivo permite enviar ubicación, video y fotografía de puntos exactos, lo que permitirá a la policía, en su caso, responder en cuestión de minutos. La herramienta digital se suma a otras que la administración de Olvera Higuera ha comprado durante su gestión y que junto al helicóptero Águila 1 realizan un combate frontal a la delincuencia. Ojalá que cunda el ejemplo.

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El gatopardismo del PRI: Andares Políticos, por Benjamín Torres Uballe

9 - Agosto - 2017 | 7:43 am

Andares Políticos

El gatopardismo del PRI

Benjamín Torres Uballe

“Chango viejo no aprende maroma nueva”, dice el refrán popular. Aunque para aplicarlo al Partido Revolucionario Institucional (PRI), deberíamos incurrir en la necesaria adaptación: “Dinosaurio viejo se extingue por sus mañas”. Y hay elementos suficientes para corroborar la teoría.

El pasado abril, el secretario de Gobierno de Oaxaca, Alejandro Avilés Álvarez, fue “renunciado” por el gobernador Alejandro Murat (ambos priistas), al difundirse en redes sociales el uso de un helicóptero oficial que trasladó a su familia a Puerto Escondido, para un asunto personal. Hasta ahí todo parecía ubicarse en el terreno de la legalidad y del sentido común aplicados para sancionar a un funcionario que infringió la ley y defraudó la confianza de su jefe.

Pero el PRI tiene como una de sus principales “virtudes” cambiar todo para no cambiar nada, es decir, ama fervorosamente el gatopardismo. La supuesta sanción a Avilés Álvarez resultó una tomadura de pelo no sólo para los oaxaqueños, sino a la sociedad en general. A menos de cuatro meses, el infractor fue nombrado delegado de la Sedesol en Oaxaca. Una ignominiosa recompensa.

Cuando el 29 de marzo del 2015 David Korenfeld, a la sazón director de la Conagua, fue captado mientras usaba un helicóptero de la dependencia, junto con su familia, en un día inhábil, tras ser exhibido en las fatídicas —para los políticos— redes sociales, fue echado de la administración peñista. Nada más se ha sabido de él, al menos en la esfera pública. Dos casos de abuso y transgresión a la ley, tratados por el priismo con diferentes criterios: uno, denostado y sujeto al escarnio público, además del olvido presidencial, y el otro —brazo derecho de Murat— reinsertado prácticamente de inmediato a la “gloria” y amplios beneficios del poder público.

Otro ejemplo de que el dinosaurio tricolor está dispuesto a todo, excepto a cambiar de verdad, es que en plena “austeridad” del gobierno federal, el entonces director de la CFE, Enrique Ochoa Reza, se recetó una liquidación millonaria, a pesar de haber renunciado para irse a laborar como empleado del presidente Peña Nieto en la dirigencia del Revolucionario Institucional. El auténtico jefe del priismo permitió el abuso. Pues aquello de mover a México, es para beneficiar a los amigos. Como ha sucedido sexenio tras sexenio, incluyendo el actual.

Recientemente se pudo observar a la poderosa maquinaria gubernamental trabajando a favor del candidato tricolor al Gobierno del Estado de México, el primo Alfredo del Mazo Maza. En esto salieron a relucir los arcaicos vicios del PRI. El uso electorero de los onerosos programas sociales, la inducción y la coacción del voto, así como las dádivas y el acarreo, estuvieron a la orden del día. La misma estrategia perversa e inmoral de siempre. Con disimulo o sin él, en el fondo la verdadera cara del partido del presidente Peña muestra recurrentemente su rechazo a cambiar.

Sumido en el pánico por la alta probabilidad de la derrota en el 2018, aunado al déficit de credibilidad que ahoga al gobierno peñista, el partido oficial acrecentó su dependencia patológica por la simulación, por intentar vender quimeras a los mexicanos. Mientras, la nomenclatura priista vive en otro México artificial, donde no existen carencias, donde se desconoce el significado de la palabra pobreza, y sobre todo, no se vive en medio del terror cotidiano por la violencia que abarca de facto a toda la República. Quizá por eso no cambian, quizá por ello su evidente desinterés.

Hoy no sólo es un amplio segmento de la sociedad que reprueba y detesta al arcaico y mañoso PRI. La militancia e influyentes priistas adoptaron ya una posición de franca rebeldía al “dedazo”, a que desde la cúpula se imponga sin más ni más ignorando a las bases, a los “políticos de café”, como torpemente llamó Arturo Zamora, dirigente de la CNOP, a quienes exigen que se les consulte junto con la ciudadanía para elegir a los candidatos que competirán el próximo año.

Ante ello, la dirigencia del tricolor se vio obligada a recibir hace unos días a varios de los inconformes. Pero nada cambiará a pesar de las protestas. Aparentar que el partido se democratizará es tan sólo eso: una farsa. Hacer creer que cambiará es una utopía que, por supuesto, ni el más inocente de los militantes está dispuesto a comprar.

Hasta ahora, el instituto político más viejo de nuestro país se ha beneficiado y ha beneficiado a legiones de pillos de su alta militancia a través de un conjunto de artimañas que han quedado plasmadas en las páginas negras de la historia nacional. Por eso, nada lo hará cambiar, pues están en riesgo muchos “beneficios” que se obtienen al amparo del poder. ¿Para qué cambiar?

Lo único constante es el cambio, una verdad absoluta. El PRI va en sentido contrario al respecto. “Cambia” lo que considera necesario, con el fin único de seguir siendo beneficiario del poder y del dinero. Mas en esa obcecación se destruye a pasos agigantados, en tanto permanece anclado en la simulación… en el deteriorado uso del cambiar todo y nada a la vez… fallece en el gatopardismo.

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Las vacaciones del Presidente: Andares Políticos, por Benjamín Torres Uballe

2 - Agosto - 2017 | 9:34 am

Andares Políticos

Las vacaciones del Presidente

Benjamín Torres Uballe

Me entero que el presidente Enrique Peña Nieto suspenderá sus actividades públicas desde este martes 1 de agosto, y hasta el próximo viernes 4, con motivo del periodo vacacional, según un comunicado oficial. Mi primera reacción es de envidia y por un instante me pregunto en qué paraíso del territorio nacional se relajará, sin tumultos, con el Estado Mayor cuidándolo a él y su familia, lejos de la infernal violencia que inexorablemente devasta amplias zonas de la República y, sobre todo, supongo —aunque esto parezca una banalidad—, sin afectar sus finanzas personales.

Descarto que se haya dirigido al sur de México, pues corre el riesgo de caer en algún socavón si decide ir por tierra a Morelos o Acapulco. Además, allí la inseguridad está en punto máximo, particularmente en Acapulco, donde cientos de negocios se vieron obligados a cerrar por las extorsiones, cobros de piso, asaltos, muertes violentas y balaceras en las calles.

Tampoco creo vaya a Los Cabos, en Baja California Sur, pues hoy está convertido en un sitio muy peligroso. A Tamaulipas hay que descartarlo en definitiva; los narcobloqueos son una constante y además se ubica en el corredor de la droga. Incluso, existe la probabilidad de presenciar el poco glamuroso espectáculo de los migrantes centroamericanos viajando a bordo de La Bestia.

Cancún resulta inviable para descansar. La inseguridad emergió en el otrora apacible destino turístico y cada vez son más frecuentes los asesinatos dolosos. Se debe, asegura la vox populi, a la disputa de la plaza por los diversos cárteles que operan ahí desde hace tiempo. Y hay que sumar a ello el pésimo historial dejado por el ex gobernador del PRI, Roberto Borge, quien  está preso en Panamá. No, en definitiva, Cancún no es opción para las vacaciones presidenciales.

Reflexiono, entonces, si el itinerario del priista número uno tenga como destino el bellísimo Guanajuato —Patrimonio Cultural de la Humanidad, ni más ni menos—. No obstante, la idea parece descabellada, la inseguridad sencillamente está al alza, igual que en San Miguel Allende; además, recién ejecutaron al director de la Policía de Celaya. De plano, ¡qué miedo!

Sinaloa dudo que esté en el abanico de las preferencias del huésped de Los Pinos. Es zona controlada por los cárteles del famoso Chapo Guzmán y otros poderosos líderes que se adueñaron del estado ante la incapacidad y displicencia de las autoridades estatales municipales y federales.

Quedarse a vacacionar en la Ciudad de México resultaría idea insuperable. La gama de atractivos de todo tipo son sencillamente una vastedad envidiable. Su oferta cultural está a la altura de las grandes ciudades en el mundo. Museos espléndidos, sitios arqueológicos —el Templo Mayor, uno de ellos—, el esplendorosos Centro Histórico y qué decir de Xochimilco, ambos declarados por la Unesco como Patrimonio Cultural de la Humanidad. ¿Por qué no hacerlo?

Inmediatamente veo el inconveniente: la metrópoli gobernada por don Miguel Ángel Mancera es, absolutamente, un refugio maravilloso para los capos del crimen organizado y para que operen los cárteles, como el de Tláhuac o la Unión Tepito, entre otros. La delincuencia en general está desatada y agobiando a los capitalinos. Los datos duros muestran cómo se ha desbordado la violencia en la capital de la República; por ejemplo, el pasado junio ocupó el segundo lugar a nivel nacional en delitos cometidos, al totalizar 17,842.

Quizá el titular del Ejecutivo federal por eso decidió no permanecer en el otrora Distrito Federal; resultaría una aventura de alto riesgo. Las vacaciones podrían ser estropeadas por alguna marcha de los maestros o cualquier grupo que decida poner en caos a la Ciudad de México.

Veracruz, ni mencionarlo. Aunque está lleno de lugares maravillosos para descansar y turistear, los jarochos no quieren saber nada que huela al PRI, luego de los seis años que duró el saqueo de la pandilla encabezada por el “ejemplo de la nueva clase del tricolor”, el denostado Javidú. Por lo tanto, no hay necesidad de que el señor Presidente vaya a recibir una “injusta”rechifla, o alguna otra muestra de repudio proveniente de los ciudadanos veracruzanos. Para qué arriesgarse.

¿Estará desestresándose en su casa de Ixtapan de la Sal? Probablemente, el cariño a la entidad mexiquense ahí está, sobre todo ahora que Alfredito ganó la gubernatura, por supuesto con  la ayuda de la maquinaria oficial y los oficios de el recién casado Eruviel Ávila Villegas, quien no da una en materia de seguridad desde que llegó a gobernar el Estado de México. Nada más hay que voltear hacia Ecatepec y todo el oriente de la región.

Pero sigue la duda: ¿dónde estará descansando el presidente Peña Nieto? Los pocos lugares que aún permanecen libres de violencia son pocos y tal vez no le agraden. El resto ha sido socavado por los criminales, la corrupción y mucha incapacidad gubernamental. Sin embargo, se agradece que “el primer mandatario se mantendrá al pendiente de los acontecimientos del país y al frente de su responsabilidad nacional”, tal como aseguró el comunicado presidencial. Menos mal.

@BTU15

De Ciudad de los Palacios a Ciudad de los Cárteles: Andares Políticos, por Benjamín Torres Uballe

28 - Julio - 2017 | 9:47 am

Andares Políticos

De Ciudad de los Palacios a Ciudad de los Cárteles

Benjamín Torres Uballe

La capital de la república mexicana es una de las ciudades más fascinantes que existen en el mundo. Millones de visitantes llegan cada año a ella para deleitarse con la vastedad de sus atractivos culturales, sociales, geográficos, arqueológicos y las delicias de su afamada gastronomía.

México, en conjunto, dispone de una envidiable cantidad de recursos naturales que lo hacen prácticamente irresistible para el turismo internacional. En 2016, la nación azteca se ubicó ya en el octavo lugar del top ten de los países más visitados en el planeta. Un gran mérito, sobre todo considerando el grave entorno de violencia en que se da. La inseguridad campea en todo el territorio. Nadie se siente en paz. Los criminales parecen haber rebasado a un timorato Gobierno.

Y la Ciudad de México, sede de los poderes federales; punto neurálgico en lo político, económico y otras actividades fundamentales de la sociedad, no escapa a la mortal ola de violencia e inseguridad que se exacerbó en la administración de Miguel Ángel Mancera Espinosa.

Desde hace tiempo, diversas investigaciones periodísticas han alertado de la presencia del crimen organizado, de los cárteles que, todo indica, de acuerdo a las estadísticas, llegaron para quedarse. No es gratuito que la Ciudad de México haya ocupado nuevamente en junio pasado el segundo lugar en la incidencia delictiva a nivel nacional al totalizar 17 mil 842 delitos denunciados, según cifras oficiales del Secretariado Ejecutivo del Sistema Nacional de Seguridad Pública.

Resulta evidente el crecimiento exponencial de los llamados delitos de alto impacto en la ciudad capital. Basta recordar que han sido recurrentes los asaltos realizados por comandos a negocios en plazas comerciales. Los cobros de piso y extorsiones a negocios se volvieron comunes. El narcotráfico se tornó una “actividad” rutinaria. Capos importantes y sus operadores fueron detenidos por fuerzas federales en el antiguo Distrito Federal, su idílico lugar de residencia.

Todo mundo sabía lo que estaba sucediendo en la atribulada Ciudad de México, todos, excepto el jefe de gobierno capitalino quien ridículamente negaba una y otra vez la existencia de los perniciosos cárteles. No obstante que uno de ellos, el conocido como “Unión Tepito” opera sin grandes problemas a pocas calles del viejo Palacio del Ayuntamiento –sede del gobierno capitalino-, y no precisamente con un dechado de discreción. Se adoptó la conducta del avestruz.

Pero la estrategia de la negación mancerista, sufrió un golpe demoledor el jueves último, cuando la Marina, en conjunto con policías federales abatieron en un operativo a Jesús Pérez Luna conocido como “El Ojos”, violento líder del “Cártel de Tláhuac”, y a siete de sus allegados.

Un hecho inédito vivió ese día la Ciudad de México ante el asombro de sus habitantes. La magnitud de dicho operativo, dada la peligrosidad del capo, incluyó a más de mil efectivos, vehículos blindados y artillados, además de helicópteros. Esto derivó en narcobloqueos, incendios de vehículos, y manifestaciones de apoyo al delincuente caído. ¿Un narcomenudista? ¡Cómo no!

Mas la obcecación de Mancera Espinosa no sólo es absurda sino irrisoria. Con desesperación, en cuanta entrevista concedió, insistió que la organización criminal encabezada por “El Ojos”, es de narcomenudistas y no corresponde a lo denominado como un cártel. Así de enredado está el también actual presidente de la Conago. Mientras en México y el mundo se aprecia cómo los mencionados cárteles se instalaron en la capital mexicana, don Miguelito va en sentido contrario.

Empantanarse en una estéril y cantinflesca explicación semántica, en nada ayuda al jefe de gobierno, por el contrario, lo exhibe ante la opinión pública como un necio y arrogante mandatario que no sabe cómo afrontar el delicado y complejo problema de los cárteles en la Ciudad de México. Llamar a esos poderosos grupos criminales simples narcomenudistas en nada cambia la realidad. Percibirla de otra manera es caer en la trampa del surrealismo aunque los hechos sean tangibles y absolutamente contundentes. Para solucionar el problema hay que admitirlo.

Hace meses que los sueños presidenciales –muy válidos- del exprocurador capitalino lo tienen un tanto  distraído en perjuicio de la sociedad que habita en la gran urbe y que ha visto como el gran capital político con el que llegó al Ejecutivo local se ha diluido de manera drástica. De por sí, ciertas decisiones además de impopulares y demagógicas han sido una afrenta que no olvida la ciudadanía, como las repudiadas fotomultas –un gran negocio para algunos vivales-, el 67% de aumento a la tarifa del Metro, dizque para mejorar el pésimo servicio que hasta hoy prevalece, sin mencionar la necedad de imponer una línea del Metrobús en Paseo de la Reforma.

Sin duda las aspiraciones de Miguel Ángel Mancera para ocupar la Residencia Oficial de Los Pinos en el 2018, desde ahora se ven muy afectadas por el obús que significó el enorme escándalo al exponer la verdad acerca de la presencia de los cárteles en la otrora apacible Ciudad de los Palacios –como la llamó Charles Latrobe, que no Alexander Von Humbolt, como se cree-, y a la cual, no pocos, con hiriente sorna, comenzaron a llamar ya la Ciudad de los Cárteles. ¿Será?

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El infortunio presidencial: Andares Políticos, por Benjamín Torres Uballe

17 - Julio - 2017 | 9:03 am

Andares Políticos

El infortunio presidencial

Benjamín Torres Uballe

El pasado martes fue un día de muchas sonrisas en la Residencia Oficial de Los Pinos. No había caras largas como en otras ocasiones. El presidente Enrique Peña Nieto dio a conocer las cifras de los empleos generados en junio. Los números reflejaban un nuevo récord: 86 mil 233 fuentes de trabajo formales; más de medio millón de puestos laborales creados en la primera mitad del año, lo que ningún gobierno ha logrado, al menos en los últimos 30 años desde que se lleva registro.

A tan buena noticia se agregaba otra a nivel macroeconómico: la significativa recuperación del peso frente al dólar desde hace algunas semanas. Esto refleja, entre muchas variables, la confianza que en el país tienen los mercados mundiales y los grandes inversionistas. Hasta el cierre de semana, la divisa estadunidense se cotizaba por debajo de los 18 pesos al menudeo, es decir, la que se vende al público en general. Por fin, ahí estaban los hechos positivos, los que producen un aumento real en la popularidad, en la imagen, incluso en la alicaída aprobación.

Pero algo sucede en el equipo presidencial. A los innegables resultados positivos invariablemente les sigue algún acontecimiento desafortunado —llamémosle así— que echa por tierra las acciones del gobierno, esas que tanto trabajo le ha costado posicionar. La exitosa aprobación de las reformas constitucionales impulsadas por Peña Nieto simplemente fue opacada por asuntos como la desaparición de los 43 normalistas, la ejecución en Tlatlaya y el más oprobioso: la Casa Blanca.

Sólo transcurrió un día luego del justificado entusiasmo del mandatario mexicano y su gabinete. Entonces surgió la constante que invariablemente parece acompañar al mexiquense: el infortunio. Un enorme socavón y la muerte de un automovilista y su acompañante —padre e hijo— en el llamado Paso Exprés en Cuernavaca —inaugurado apenas 97 días antes con bombo y platillo por el propio Presidente— dieron los “buenos días” al jefe del Ejecutivo federal.

Considerada una de las obras emblemáticas de la actual administración, la vía —cuya construcción duplicó el costo original estimado— viene a exhibir una vez más la práctica del nefasto  “contratismo”. Voces de expertos en ingeniería, geología y protección civil han empezado a cuestionar severamente la calidad del proyecto y desarrollo del fatal Paso Exprés.

Funcionarios de Comunicaciones y Transportes fueron advertidos con mucha antelación de lo que podía acontecer, no obstante, esos burócratas —recomendados las más de las veces, o familiares de la nomenclatura política— minimizaron la alerta de una desgracia que se pudo evitar y que hoy tiene sumida en el dolor y desamparo a dos familias morelenses, ello a consecuencia de la indolencia y negligencia gubernamental. Por lo pronto, comenzaron a surgir las “bondades” y “méritos” de las dos empresas constructoras  que se beneficiaron con la millonaria obra.

Una avalancha de suspicacias generalizada se detonó en contra de Peña Nieto y su círculo más cercano desde el escándalo de la Casa Blanca. Los enormes e inmorales negocios que se arman en la adjudicación de obra pública involucran de forma abierta o soterrada a no pocos funcionarios y sus familias en los tres órdenes de gobierno. Empresas que en sus países de origen tienen pésima reputación y han sido investigadas por conductas delictivas, en México, a pesar de ello, sospechosamente se  benefician con jugosos contratos para construir. Aunque lo hagan muy mal.

“Las noticias buenas cuentan y cuentan mucho”, insiste la desgastada y poco creativa verborrea oficial. Hoy, las exiguas buenas nuevas provenientes de la administración peñista se quedan opacadas por el alto grado de corrupción y voracidad de las “transas” que impunemente se elaboran al amparo de los puestos públicos. Frases tan desafortunadas como aquella de “No te preocupes, Rosario”, alientan a pillos de cuello blanco a seguir lucrando con los recursos de los mexicanos. El colapso del Paso Exprés es sólo la punta de un inmenso iceberg de corrupción.

No basta con despedir a un negligente y mediocre funcionario de la Secretaría de Comunicaciones y Transporte que ignoró las alertas de los peligros que se cernían sobre la población en Morelos. La gravedad y lo vergonzoso del caso requiere una investigación amplia que abarque a todos los involucrados, sin las perniciosas excepciones que se han vuelto costumbre.

De por sí la indignación social está en niveles nunca antes vistos a causa de la violencia y la inseguridad que devastan grandes zonas del país y los innumerables casos de saqueos por parte de gobernadores y sus respectivas pandillas, a quienes se protegió hasta el último día de sus mandatos. La ciudadanía está al límite del hartazgo, no resiste más acciones miserables de la alta burocracia. Lo burdo de tanto engaño exacerba la animadversión social hacia el Presidente.

Garantizar que se aclare lo sucedido en el multicitado Paso Exprés y que se lleven ante la justicia a los verdaderos responsables, trátese de quien se trate, devolvería tal vez  una pizca de credibilidad al erosionado gobierno de Enrique Peña Nieto. Quizá hasta el infortunio sea menos implacable.

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Protección civil y La Carabina de Ambrosio: Andares Políticos, por Benjamín Torres Uballe

4 - Julio - 2017 | 9:15 am

Andares Políticos

Protección civil y La Carabina de Ambrosio

Benjamín Torres Uballe

México  gasta mucho dinero en el rubro de la llamada protección civil, un área neurálgica que de ningún modo puede ni debe ser descuidada. No obstante, para muchos municipios esta labor es prácticamente letra muerta, pues prever les parece un concepto ajeno y sin importancia, al que muchos alcaldes consideran secundario y de plano lo obvian. Hasta que suceden las desgracias. Entonces vienen los muertos, las excusas oficiales y los discursos demagogos de los políticos.

Año con año están presentes en el territorio los huracanes y la temporada de lluvias. Eso lo sabemos todos, menos algunos funcionarios de los tres niveles de gobierno que no realizan su tarea para anticipar hechos que son susceptibles de prevenir. Por ejemplo, desazolvar los mal llamados ríos que aún cruzan el Valle de México —en realidad, insalubres conductos de aguas negras y toda clase de basura—, actuar con oportunidad en caso de emergencias, advertir a los habitantes de las zonas en riesgo, es decir, usar la prevención sistemática, no la acostumbrada e inútil reacción.

El pasado miércoles por la tarde cayó un terrible aguacero en la Ciudad de México y en una amplia zona del Estado de México. Las dimensiones de la tormenta “atípica” —insisten en llamarlas así funcionarios y políticos para justificar su ineptitud— fueron tales que cientos de casas se vieron seriamente afectadas en el municipio de Naucalpan, Estado de México, al desbordarse el Río Hondo. Colonias como Ribera de Echegaray y el Fraccionamiento Pastores, entre otras, fueron inundadas por aguas negras, causando terror y graves daños estructurales a viviendas, autos, muebles y enseres de casa. Las llamadas de auxilio a Protección Civil de Naucalpan fueron incesantes. La ayuda no llegó ni en tiempo ni en forma, pero sí muchas mentiras de esa oficina.

La lluvia inició aproximadamente a las seis de la tarde. Los displicentes burócratas que se dignaban a contestar los teléfonos exigían que se les enviaran fotos de la inundación. Cuando esto se hizo, repetían que “ya iban para allá”, “que estaban a cinco minutos”. Todo era una vulgar mentira, una burla ruin en medio del dolor y la angustia de una tragedia que afectó la vida de muchas familias.

Cinco horas y media después, cuando ya el nivel de la podredumbre acuática había disminuido porque las compuertas del dichoso río finalmente fueron abiertas —se tardaron en hacerlo, según nos comentaron los propios empleados del ayuntamiento, a condición de anonimato—, aparecieron las esperadas cuadrillas de ayuda. ¡Ya para qué! El daño estaba hecho y la negligencia y falta de prevención aparecieron sin falta una vez más.

¿Quién fue el responsable de que no se abrieran oportunamente las compuertas (si es que así fue) y de que el desazolve tampoco se haya realizado antes de la temporada de lluvias? ¿El o los culpables van a permanecer impunes como se acostumbra en estos dolorosos casos? ¿Quién va a pagar por todos los daños materiales? Los afectados no pretenden dádivas mediáticas que sólo sirven para el grosero y condenable lucimiento mediático de presidentes municipales y gobernadores. No. Quieren el justo pago por la destrucción a sus propiedades a causa de las omisiones e incapacidades provocadas desde gobiernos, a los que la protección y la seguridad de los gobernados importan poco. No es época de elecciones. Así que no hay mayor problema. Igual que siempre, ya se necesitará el voto de los hoy dañados y aparecerán los perniciosos políticos.

Y el periodo de huracanes y lluvias apenas empezó. Sinceramente deseamos que no haya más ineptitudes como la mostrada por las autoridades naucalpenses ante la contingencia del miércoles pasado. Tampoco las eternas justificaciones del Gobierno de la CDMX siempre que hay una precipitación pluvial intensa en la capital del país y que la pone de cabeza con inundaciones, encharcamientos y colapso del transporte público —en especial el cada vez más saturado e inservible Metro—. Acciones e inversiones en obra pública para terminar con el recurrente y muy grave problema de las inundaciones son prioridades que deben atender sin dilación los tres órdenes de gobierno. Aquí no caben en modo alguno protagonismo, colores y mucho menos mezquindades.

No se requieren excusas, porque ninguna de éstas resarcirá ni dejará contenta a la sociedad. Hechos son los que urgen. La población repudia a los gobernantes demagogos, incapaces y corruptos —no hay de otra clase, según se ve—. Y aquí cabe la célebre frase de don Alejandro Martí: “Si no pueden, renuncien”.

@BTU15

Un gobierno de pena ajena: Andares Políticos, por Benjamín Torres Uballe

27 - Junio - 2017 | 9:53 am

Andares Políticos

Un gobierno de pena ajena

Benjamín Torres Uballe

El viernes pasado, atrapado en el crónico y letal tráfico del Valle de México, observé con mucha curiosidad un anuncio de los conocidos como espectaculares. Era enorme, de color azul, con una leyenda que abarca casi toda la superficie: “Por un gobierno que no te dé vergüenza”. La publicidad es a favor de la panista Margarita Zavala, quien aspira llegar a Los Pinos en 2018.

Me quedé reflexionando en la frase; no implica dificultad alguna aceptarlo. Pues sí, el gobierno actual no es para presumir, los mexicanos hemos sido agraviados de diversas formas por éste y nos produce una vergüenza mayúscula. En colaboraciones anteriores me he referido a que esta administración federal va a ser recordada por la amplia gama de escándalos que incluye al mismísimo Presidente de la República, a gobernadores, secretarios de Estado, funcionarios de primer nivel, legisladores, alcaldes y no pocos jefes delegacionales.

Algunos refutarán a la señora De Calderón y señalarán que el sexenio de su esposo no fue precisamente ejemplar, con la corrupción desatada en Pemex, el saqueo de recursos que se hizo con la construcción de la innecesaria Estela de Luz, las pillerías del entonces gobernador de Sonora, Guillermo Padrés Elías, del PAN, el horror de los 72 migrantes masacrados en San Fernando, Tamaulipas, y el execrable caso del incendio en la Guardería ABC, de Hermosillo.

Tal vez alguien precise también que las canalladas gubernamentales no son exclusivas del PRI y del PAN, pues ahí está el asunto de los portafolios llenos de dinero con sus respectivas ligas recibidas vorazmente por el profesor René Bejarano, siendo operador político de Andrés Manuel López Obrador cuando éste era jefe de gobierno del entonces Distrito Federal, y ambos militaban en el PRD. Y esto no ha cambiado, las conductas ilícitas salpican nuevamente al actual dueño de Morena por los dineros recolectados por su ingenua “recaudadora” y ahora vilipendiada diputada Eva Cadena.

Las causas de la vergüenza, por lo que se ve, son multifactoriales y generosamente democráticas, es decir, provienen de todos los actores políticos sin considerar su filiación, jerarquía, filosofía o preparación académica. Todos se afanan en llenarse los bolsillos, no importa si para ello hay que “robar un poquito”, saquear todo un estado y luego huir con la protección o disimulo oficial.

Hay motivos de sobra para no sentirse ufanos, en modo alguno, del gobierno que hoy padecemos. Una cúpula burocrática preocupada y ocupada por beneficiarse inmoral e ilegalmente de los puestos públicos en detrimento de la sociedad constituye una casta privilegiada que, efectivamente, avergüenza a la enorme mayoría de los pauperizados y hastiados mexicanos.

Cuando nos hemos enterado de las recurrentes pillerías realizadas por la nomenclatura que en la actualidad “guía” los destinos del país, mucha indignación surge, mientras la incredulidad en la democracia —al menos en la nuestra—, el estado de derecho y la clase política se ha ubicado en niveles tan peligrosos que sólo unos cuantos creen a pie juntillas en el anquilosado discurso gubernamental. Esto se justifica plenamente por la incongruencia de quienes integran el sistema.

Ejemplos de lo anterior son muchos e irrefutables. Uno es el del presidente del PRI, Enrique Ochoa Reza, y su millonaria liquidación en la CFE cuando renunció para irse a dirigir el tricolor. La Casa Blanca, cuyo tremendo escándalo dañó severamente y para siempre la credulidad e imagen del mandatario mexicano. Pero el máximo nivel de oprobio para la administración peñista y su partido político es la profunda corrupción imperante en su alta militancia manifestada por los “goberladrones” ejemplos de la nueva clase política: Javier Duarte, César Duarte y Roberto Borge, además de Tomás Yarrington. Sí, desde luego, tanta inmundicia es para sentir mucha vergüenza.

Pero la cloaca política no es privilegio único del Revolucionario Institucional. En el gobierno —federal, estatal y municipal— o partido de cualquier color, donde se rasque un poco, aparece de inmediato lo torcido. Así es como las “inmaculadas” instituciones —y sobre todo aquellos que las lideran— se han ganado con todo merecimiento la repulsa de la ciudadanía. Tanta fechoría provoca vergüenza y mucha, muchísima pena ajena.

México es una nación poseedora de tremenda grandeza; de ésta nos sentimos orgullosos, siempre ha sido así. De lo que no podemos sentirnos satisfechos ni solidarios es de los pésimos gobiernos que nos ha tocado padecer desde hace muchas décadas. Rojos, azules, amarillos, verdes y aun aquellos que pretenden enarbolar cínica y falsamente la bandera de la honestidad, no están exentos de las críticas por los pésimos y lesivos gobiernos que no dejan de producirnos una incomodidad absoluta y la mayor de las desesperanzas ante un gobierno vergonzoso.

Desde luego que la pena se profundiza por el deleznable espionaje del sistema a periodistas y activistas, y las amenazas en contra de quienes se han atrevido a difundir o denunciar la grotesca e ilegal acción gubernamental. Es todo, con mucho sigilo me despido porque presiento que “hasta a mí me espían”.

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Mancera, una tras otra: Andares Políticos, por Benjamín Torres Uballe

14 - Junio - 2017 | 10:17 am

Andares Políticos

Mancera, una tras otra

Benjamín Torres Uballe

Las distracciones de Miguel Ángel Mancera Espinosa, el jefe de Gobierno de la Ciudad de México, no iniciaron en fechas recientes. Desde que vislumbró la posibilidad de ser candidato a la Presidencia de la República, la gran metrópoli resintió el descuido y se agudizaron los serios problemas de inseguridad, narcotráfico, vialidad, ambulantaje, contaminación e inundaciones, entre otras calamidades que son una constante en la agobiada administración capitalina.

Convertido en flamante presidente de la Conferencia Nacional de Gobernadores (Conago), el ex procurador capitalino no desaprovecha los reflectores para intentar posicionarse a nivel nacional. Sin embargo, la imagen de Mancera Espinosa se ha dañado tanto que parece imposible revertir el profundo efecto negativo, merced a una gestión plagada de discursos y demagogia, pero carente de resultados efectivos que beneficien a la por ahora relegada sociedad de la capital de la República.

De acuerdo con cifras oficiales del Sistema Nacional de Seguridad Pública, dependiente de la Segob, en abril pasado —último informe disponible— la CDMX ocupó el segundo sitio a nivel nacional en incidencia delictiva con 15,213 ilícitos denunciados, sólo detrás del peligroso Estado de México.

Por las severas críticas sociales, Mancera es rápido para culpar al nuevo sistema de justicia penal, al que achaca que miles de delincuentes sean puestos en libertad por los jueces. No obstante, ha sido refutado una y otra vez, al tiempo de exigirle que cumpla de manera eficaz con su trabajo. A este funcionario se le están terminando las excusas y lo que alguna vez fue un envidiable capital político. Tal parece que la capital azteca le quedó grande. Como procurador se desempeñó mejor, fue un buen fiscal, no hay duda. Pero gobernar la ciudad capital es diferente a dirigir una procuraduría. Pretender hacerlo con el país entero, aunque válido,  luce como un sueño guajiro.

Pésimo ha sido el desempeño del doctor Mancera, y así se lo recordó la semana pasada el Observatorio Nacional Ciudadano con su Reporte sobre Delitos de Alto Impacto del Primer Cuatrimestre de 2017, que muestra cómo la antigua Tenochtitlan posee en el país el deshonroso segundo lugar en robo a transeúnte, además de que se han incrementado los atracos a negocios y casa habitación, aunado al alarmante alza en los homicidios dolosos. Un panorama apocalíptico.

Mas los despistes del jefe de gobierno capitalino no se dan de forma exclusiva en materia de inseguridad. Su obcecación por el contratismo genera una ola de conjeturas. Por ahora, está aferrado a construir sobre lo que sea, la cuestionada Línea 7 del Metrobús, que correría sobre el esplendoroso Paseo de la Reforma. Hasta hoy se desconocen los poderosos “intereses” del Ejecutivo local en el proyecto que defiende a ultranza y al que se han opuesto ciertos grupos vecinales y ambientales, pues acusan de una voraz tala y lo dañino que puede resultar dicho plan.

Si bien la CDMX precisa de un transporte público de calidad, éste no puede ser desarrollado por encima de la voluntad popular. El fuerte aroma de la opacidad ronda la imposición de esa obra. Es cierto, también hay muchos “intereses” en las organizaciones vecinales, comerciales, ambientales y de no pocas compañías constructoras, pero el diálogo y la transparencia con los diferentes sectores sociales son siempre lo mejor. Reiteramos, imponer no es lo más inteligente, para nadie.

Hoy, a las muchas preocupaciones del mandatario capitalino y su caída libre en las encuestas para el 2018 se une otra, la cual exhibe el tremendo desaseo en la concepción y desarrollo de la mencionada Línea 7 del Metrobús: la suspensión, por orden judicial, de la referida construcción.

Nada parece salir bien al otrora bien calificado Mancera. Con el ridículo de la semana pasada, cuando presumió la construcción del lujoso Hotel Ritz-Carlton —precisamente en Paseo de la Reforma— y que tan sólo horas después fue clausurado por una dependencia del propio gobierno capitalino, demuestra el caos que impera en la administración mancerista. Todo por falta de un verdadero liderazgo.

Justamente cuando el soñador Miguel Ángel Mancera está inmerso en sus aspiraciones presidenciales, las cuales —está visto— antepone a su responsabilidad como titular del Ejecutivo local, es que un juez federal le propina otro revés a su ya de por sí vapuleada imagen como gobernante. La orden para detener la construcción de la Línea 7 del Metrobús trasciende lo estrictamente originado por la polémica obra. Es, asimismo, una muestra de los grupos de poder en la Ciudad de México ridiculizando al debilitado jefe de gobierno.

Finalmente, Mancera Espinosa en la actualidad se cotiza bajo. Dejó de ser aquella especie de rock star que salió de la Procuraduría capitalina para convertirse —con elevados índices de votación y aprobación— en el jefe de gobierno de una de las ciudades más grandes del mundo. Esto parece haber quedado en una simple anécdota, ese personaje desapareció, ya no existe… se distrajo.

@BTU15