Mancera, una tras otra: Andares Políticos, por Benjamín Torres Uballe

14 - Junio - 2017 | 10:17 am

Andares Políticos

Mancera, una tras otra

Benjamín Torres Uballe

Las distracciones de Miguel Ángel Mancera Espinosa, el jefe de Gobierno de la Ciudad de México, no iniciaron en fechas recientes. Desde que vislumbró la posibilidad de ser candidato a la Presidencia de la República, la gran metrópoli resintió el descuido y se agudizaron los serios problemas de inseguridad, narcotráfico, vialidad, ambulantaje, contaminación e inundaciones, entre otras calamidades que son una constante en la agobiada administración capitalina.

Convertido en flamante presidente de la Conferencia Nacional de Gobernadores (Conago), el ex procurador capitalino no desaprovecha los reflectores para intentar posicionarse a nivel nacional. Sin embargo, la imagen de Mancera Espinosa se ha dañado tanto que parece imposible revertir el profundo efecto negativo, merced a una gestión plagada de discursos y demagogia, pero carente de resultados efectivos que beneficien a la por ahora relegada sociedad de la capital de la República.

De acuerdo con cifras oficiales del Sistema Nacional de Seguridad Pública, dependiente de la Segob, en abril pasado —último informe disponible— la CDMX ocupó el segundo sitio a nivel nacional en incidencia delictiva con 15,213 ilícitos denunciados, sólo detrás del peligroso Estado de México.

Por las severas críticas sociales, Mancera es rápido para culpar al nuevo sistema de justicia penal, al que achaca que miles de delincuentes sean puestos en libertad por los jueces. No obstante, ha sido refutado una y otra vez, al tiempo de exigirle que cumpla de manera eficaz con su trabajo. A este funcionario se le están terminando las excusas y lo que alguna vez fue un envidiable capital político. Tal parece que la capital azteca le quedó grande. Como procurador se desempeñó mejor, fue un buen fiscal, no hay duda. Pero gobernar la ciudad capital es diferente a dirigir una procuraduría. Pretender hacerlo con el país entero, aunque válido,  luce como un sueño guajiro.

Pésimo ha sido el desempeño del doctor Mancera, y así se lo recordó la semana pasada el Observatorio Nacional Ciudadano con su Reporte sobre Delitos de Alto Impacto del Primer Cuatrimestre de 2017, que muestra cómo la antigua Tenochtitlan posee en el país el deshonroso segundo lugar en robo a transeúnte, además de que se han incrementado los atracos a negocios y casa habitación, aunado al alarmante alza en los homicidios dolosos. Un panorama apocalíptico.

Mas los despistes del jefe de gobierno capitalino no se dan de forma exclusiva en materia de inseguridad. Su obcecación por el contratismo genera una ola de conjeturas. Por ahora, está aferrado a construir sobre lo que sea, la cuestionada Línea 7 del Metrobús, que correría sobre el esplendoroso Paseo de la Reforma. Hasta hoy se desconocen los poderosos “intereses” del Ejecutivo local en el proyecto que defiende a ultranza y al que se han opuesto ciertos grupos vecinales y ambientales, pues acusan de una voraz tala y lo dañino que puede resultar dicho plan.

Si bien la CDMX precisa de un transporte público de calidad, éste no puede ser desarrollado por encima de la voluntad popular. El fuerte aroma de la opacidad ronda la imposición de esa obra. Es cierto, también hay muchos “intereses” en las organizaciones vecinales, comerciales, ambientales y de no pocas compañías constructoras, pero el diálogo y la transparencia con los diferentes sectores sociales son siempre lo mejor. Reiteramos, imponer no es lo más inteligente, para nadie.

Hoy, a las muchas preocupaciones del mandatario capitalino y su caída libre en las encuestas para el 2018 se une otra, la cual exhibe el tremendo desaseo en la concepción y desarrollo de la mencionada Línea 7 del Metrobús: la suspensión, por orden judicial, de la referida construcción.

Nada parece salir bien al otrora bien calificado Mancera. Con el ridículo de la semana pasada, cuando presumió la construcción del lujoso Hotel Ritz-Carlton —precisamente en Paseo de la Reforma— y que tan sólo horas después fue clausurado por una dependencia del propio gobierno capitalino, demuestra el caos que impera en la administración mancerista. Todo por falta de un verdadero liderazgo.

Justamente cuando el soñador Miguel Ángel Mancera está inmerso en sus aspiraciones presidenciales, las cuales —está visto— antepone a su responsabilidad como titular del Ejecutivo local, es que un juez federal le propina otro revés a su ya de por sí vapuleada imagen como gobernante. La orden para detener la construcción de la Línea 7 del Metrobús trasciende lo estrictamente originado por la polémica obra. Es, asimismo, una muestra de los grupos de poder en la Ciudad de México ridiculizando al debilitado jefe de gobierno.

Finalmente, Mancera Espinosa en la actualidad se cotiza bajo. Dejó de ser aquella especie de rock star que salió de la Procuraduría capitalina para convertirse —con elevados índices de votación y aprobación— en el jefe de gobierno de una de las ciudades más grandes del mundo. Esto parece haber quedado en una simple anécdota, ese personaje desapareció, ya no existe… se distrajo.

@BTU15

No ganó el PRI; perdió AMLO: Andares Políticos, por Benjamín Torres Uballe

6 - Junio - 2017 | 9:33 am

Andares Políticos

No ganó el PRI; perdió AMLO

Benjamín Torres Uballe

El gobierno peñista preparó todo con antelación. Sus temores de una derrota en el Estado de México eran bien fundados. El hartazgo de los mexiquenses por tanta violencia y el deprimente nivel de vida en la entidad —principalmente en las zonas más pauperizadas— se mezclaron en un peligroso y tóxico coctel con la deplorable gestión del gobernador priista Eruviel Ávila Villegas.

La ruta estaba trazada. En Los Pinos decidieron defender, con todo el aparato oficial, su enclave estratégico. No podían permitir que Andrés Manuel López Obrador los retara en su “cancha”, y que inclusive se las arrebatara. Las consecuencias podrían ser tan devastadoras, como para echarlos nuevamente de la Presidencia. Entonces, los cuantiosos recursos materiales y humanos operaron para apoyar a un insulso Alfredo del Mazo, la imposición familiar del Presidente.

Desde el inicio, la batalla por el Estado de México se dio entre el jefe máximo de los priistas y el dueño de Morena. Éste, acompañando ininterrumpidamente a Delfina Gómez, instruyéndola, defendiéndola indebidamente de las acusaciones por el abusivo descuento a empleados del ayuntamiento de Texcoco cuando fue alcaldesa. Así, la maestra se convirtió en simple títere del Rayito de Esperanza. El candidato real se llamó y se sigue llamando Andrés Manuel López Obrador.

Todo parecía marchar de maravilla para el tabasqueño. Así lo señalaban diversas encuestas, amplios sectores de la sociedad, en la academia, los intelectuales y no pocos empresarios.  Pero mientras el PRI —léase el gobierno federal— estaba volcado en la campaña con los integrantes del gabinete y los programas sociales, López Obrador empezó a derraparse en el panorama político.

Mostradas las corruptelas que existen en Morena, con su recaudadora Eva Cadena —exhibida en una serie de videos recibiendo grandes sumas de dinero y un audio donde se escucha a Andrés Manuel López Beltrán (hijo de AMLO) maquinando con Yeidckol Polevnsky, secretaria general del partido, cómo justificar recursos a través de una empresa—, los escándalos impactaron directamente al Mesías Tropical y colateralmente a Delfina Gómez. Se encendieron las alarmas.

No obstante que Andrés Manuel advirtió lo que se le venía encima y presintió el riesgo de perder la elección mexiquense, se montó nuevamente en la soberbia que tantos problemas le ha ocasionado. Inició una absurda e innecesaria confrontación con medios de comunicación y periodistas que se atrevieron a preguntarle por el apoyo de Elba Esther Gordillo a su movimiento. Ésta fue una pésima jugada en la que El Peje aún continúa empecinado sostener.

A ese yerro, agregó el trato déspota, grosero, humillante y poco inteligente que dispensó a los otros partidos de la llamada “izquierda”, cuando los llamó a unirse a Morena para vencer al PRI el pasado 4 de junio. Las amenazas no funcionaron y el único servil que respondió —tardíamente— fue el Partido del Trabajo, pero de nada sirvió, ya que al no haber alianza registrada, los votos de este remedo de instituto político no se pudieron sumar a los obtenidos por la maestra Delfina.

Hoy, López Obrador paga fatalmente las consecuencias de un cierre de campaña desastroso, de volver a comportarse como un bravucón, de rodearse de auténticos pillos, de la escoria de otros partidos que, lejos de aportar, se convierten de inmediato en un lastre para su proyecto. Los errores cuestan y se pagan. Y al líder morenista está a punto de costarle la gubernatura del Estado de México. Algo que ya tenía en las manos y que simplemente desdeñó. Con ello pudo hacer historia y afianzarse en definitiva rumbo al 2018. Pero no quiso; tropezó con la misma piedra.

No obstante, y a pesar de una legión de detractores, que lo tienen bajo escrutinio ininterrumpido —justificadamente, como a cualquier político—, Andrés Manuel tiene un gran capital político y quedó demostrado en la entidad mexiquense, pues el margen de la “victoria” priista es pírrico y estadísticamente discutible al ubicarse en menos de 3%. De las equivocaciones se aprende, ojalá que como el mismo suele decirlo, no actúe como “lagarto” y sí como un político experimentado.

Si bien —y de acuerdo al PREP— el Revolucionario Institucional continuará su hegemonía en el Estado de México por los próximos seis años, en la Residencia de Los Pinos deben estar muy conscientes que no ganaron la elección en la tierra del Presidente debido al mejor candidato, o a las consecuencias de un buen gobierno. Saben que lo hicieron con las “mañas” de siempre y, por encima de eso, que la elección la perdió López Obrador por diversos errores.

Así, no estaría mal que Enrique Ochoa Reza, el empleado del presidente Peña Nieto, moderara su entusiasmo e intentara ser objetivo. Digamos, digno en la victoria, si es que conoce el significado de la palabra. No eleva el nivel político si llama al propietario de Morena: “cobarde y mentiroso”, y tampoco si éste insiste en la etiqueta de “la mafia del poder” y denuesta a quienes no están de acuerdo con él. México precisa con urgencia políticos de verdad, no caricaturas ni payasos.

@BTU15

México, Estado fallido: según un dictadorzuelo: Andares Políticos, por Benjamín Torres Uballe

22 - Mayo - 2017 | 8:08 am

Andares Políticos

México, Estado fallido: según un dictadorzuelo

Benjamín Torres Uballe

México está convertido en un Estado fallido a causa de la violencia, el narcotráfico y la desigualdad, afirmó este fin de semana Nicolás Maduro, el dictadorzuelo que gobierna al otrora próspero país venezolano. El primer sentimiento que surge de manera instantánea es ignorar al miserable remedo de Hugo Chávez, quien tiene instaurada de facto una condenable dictadura en la nación sudamericana. No sólo ha llevado a Venezuela a una de las más profundas y peligrosas crisis, sino que tiene las manos llenas de sangre de las más de 49 personas asesinadas por su gobierno durante las multitudinarias protestas para exigir que renuncie a la presidencia. Sin embargo, es necesario analizar desde el aspecto periodístico la repulsiva demagogia de Maduro.

En principio, lo grave de la aseveración del abyecto personaje que dice hablar con los pajaritos es que no miente cuando se refiere a la penosa situación que actualmente padece el Estado mexicano. Variables como narcotráfico, crimen organizado, violencia, corrupción, desigualdad y los eternos abusos de una cada vez más repudiada clase política son hechos innegables.

Resulta imposible refutar cuando las evidencias del desorden ahogaron desde hace mucho el estado de derecho en México. La corrupción y el despilfarro de la clase gobernante se enquistó sin pudor alguno en la administración del presidente priista Enrique Peña Nieto, empezando por él mismo con el asunto de la Casa Blanca, las sospechas del favoritismo a la abusiva y cuestionada empresa OHL —investigada en España por corrupción— y la abrupta cancelación del tren rápido México-Querétaro, debido a fundadas suspicacias en la transparencia de la licitación del proyecto.

Y si hoy la comunidad internacional sabe y condena —sólo en el discurso— que decenas de muertos han caído por la represión de Maduro, también nuestra nación está desde hace años en el escrutinio mundial por los abusos y las negligencias gubernamentales. Los 105 periodistas asesinados en lo que va de este siglo en México —36 durante la gestión de Peña Nieto— es igualmente ominoso.

Incluso, la Organización de las Naciones Unidas ha señalado, con insistencia, que en territorio nacional se practica la tortura generalizada por parte de las fuerzas de seguridad. Y cualquier ciudadano sabe que las ineptas policías —municipales, estatales y federales— usan métodos al margen de la ley para obtener, en no pocos casos, confesiones de delitos no cometidos. Ahí está lo sucedido con las indígenas Teresa, Alberta y Jacinta, a quienes la PGR hubo de ofrecer obligadas disculpas públicas por la injusticia que cometieron con ellas. También han sido acusados de esas deleznables “técnicas científicas” la Marina y el Ejército. En contraparte, derivado de estos abusos, delincuentes han aprovechado para beneficiarse y salir libres, mediante recovecos en la ley y las corruptelas en el sistema judicial.

Claro que Maduro es un chiflado peligroso, eso no está a discusión. Aun con ello, no se pueden objetar sus declaraciones. Sí bien México no es un Estado fallido, por momentos pareciera encaminarse a esa ruta, porque impera la impunidad, porque aquí un político se puede robar prácticamente un estado completo y sus jefes lo permiten, además de protegerlo. Los cientos de fosas clandestinas son también terrorífico argumento. Lo es igual porque la oligarquía política vive inmoralmente de forma lujosa a costa de los impuestos de aquellos que sí trabajamos. Un mal ejemplo del derroche son los recursos destinados a mantener zánganos en el Congreso: 500 diputados y 128 senadores, o el dineral que se tira a la basura con pretexto de los procesos electorales. Esto en nada colabora a mejorar la cada vez más debilitada y manipulada democracia.

Si la sapiencia popular otorga a niños y borrachos el crédito como portadores de la verdad, es necesario adecuarlo a los tiempos actuales y habría, entonces, de incluirse al autócrata que tiraniza al pueblo donde nació el gran Simón Bolívar. Por lo menos, en el tema de los males dantescos, el hijo putativo de Chávez no falta precisamente a esa verdad. ¿Será por eso que la administración peñista ha guardado silencio al respecto y no ha se ha pronunciado oficialmente? ¿Será, efectivamente, que la verdad no necesita de mentiras?

Amplias zonas del territorio mexicano en las que el crimen organizado y la violencia se han entronizado no han sido recuperadas plenamente por las autoridades. Estados como Tamaulipas, Veracruz, de México, Morelos, Sinaloa, Colima o Baja California son dominadas de facto por las bandas criminales. Las ejecuciones, narcobloqueos, cobros de piso, persecuciones y balaceras  en las calles, extorsiones y “levantones” constituyen muestra fehaciente. Por su parte, la Ciudad de México se convirtió en centro financiero, de operaciones, y de residencia de grandes capos.

Desde luego, resulta imposible obviar la ordeña de ductos que desde hace años se lleva a cabo ante la ineficacia, algunas complicidades de las autoridades, y la participación de trabajadores de Pemex. Este conjunto es anarquía, ni duda cabe, y cuando hay anarquía en un gobierno se puede concluir que éste falla en su trabajo; por lo tanto, queda la duda del Estado fallido, como lo afirma el sátrapa dictadorzuelo que, enfermo de poder, se niega a cumplir la voluntad de la mayoría venezolana.

Odebrecht es otro motivo en la larga lista de aspectos negativos, corrupción e impunidad que abonan a conformar el coctel tóxico al que se refiere Nicolás Maduro, no de los mexicanos, sino de aquellos que se supone administran al país. El que calla otorga. ¿Qué dirán el Presidente y su gabinetazo ante lo evidente? ¿Tan mal están en el equipo presidencial que hasta un descerebrado déspota que pisotea a sus connacionales les tunde con la verdad?

@BTU15

¡Justicia, no más discursos! Andares Políticos por: Benjamín Torres Uballe

19 - Mayo - 2017 | 12:36 pm

Andares Políticos

¡Justicia, no más discursos!

Benjamín Torres Uballe

“¡Justicia, no más impunidad, no más discursos!”, resonaron las voces de periodistas en la Residencia Oficial de Los Pinos, el pasado miércoles, cuando el presidente Enrique Peña Nieto instó a los integrantes de la Conago y a funcionarios que asistían a la presentación de las Acciones para la libertad de expresión y para la protección de periodistas y defensores, a guardar un minuto de silencio por “todas las personas, periodistas y defensores de derechos humanos que, lamentablemente, en el ejercicio de su tarea, de su lucha, han caído en el cumplimiento de ese deber y de esa tarea a la que se han entregado”. No hubo respuesta. No había argumentos.

Obligado por la enorme irritación social y las amplias condenas a nivel internacional, originadas por la ejecución del periodista y escritor Javier Valdez Cárdenas, en Culiacán, el mandatario mexicano, con rostro demacrado, tuvo que salir a dar la cara en una de las mayores crisis de su gobierno. De manera repentina, como no lo había hecho en su sexenio, hubo de entender y reconocer la “indignación” de la ciudadanía por los más de 100 periodistas ejecutados desde el año 2000 a la fecha. También admitir que “La violencia perpetrada contra periodistas y defensores de derechos humanos ha abierto una profunda herida en nuestra sociedad”.

Pero la dilación en la incipiente respuesta presidencial exhibe el franco desinterés del gobierno por la libertad de expresión y de quienes trabajan diariamente para hacerla realidad. Una realidad que cada vez parece más distante por la cantidad de elementos depredadores que, en perversa confabulación, pretenden aniquilarla a cada minuto. Así que las expresiones de Peña Nieto llegan muy tarde y sólo pretenden apaciguar el tremendo malestar de la ciudadanía, del habitualmente poco solidario gremio periodístico, pero, sobre ello, el de la implacable comunidad internacional.

Nada ha hecho la administración peñista para proteger de forma efectiva a los comunicadores, salvo ubicarse en la vastedad de excusas, promesas demagógicas y la acostumbrada retórica caduca e insultante. Los resultados de la indolencia —por decirlo de manera suave— gubernamental se reflejan en los 6 periodistas masacrados en 139 días de este 2017. De ahí que es imposible aceptar las justificaciones que pretenden disfrazar la ineficacia e inacción del Estado. El mundo entero sabe que México es uno de los países más peligrosos para ejercer el periodismo. Entonces, ¿por qué no se actuó para solucionar este infierno que tantas vidas ha costado? ¿Así  conviene al gobierno?

“Ser periodista en México parece más una sentencia a muerte que una profesión. El continuo derramamiento de sangre, del cual las autoridades prefieren hacer caso omiso, genera un profundo vacío que afecta el ejercicio de la libertad de expresión en el país”, afirmó el pasado lunes la directora de Amnistía Internacional México, Tania Reneaum. Y cuánta razón tiene.

Es la imagen que de México se tiene en el extranjero. Un país tercermundista —expresión que no gusta a varios— cuya democracia pende de un hilo muy delgado en razón de que la impunidad es una de las constantes favoritas para socavar el erosionado estado de derecho. Mientras no se combata ese cáncer, cualquier ofrecimiento, cualquier condena, cualquier condolencia, está de más.

“La violencia no puede ser parte de nuestra vida cotidiana”, expresó el titular del Ejecutivo en el mismo evento. Alguien debe informarle al Presidente que ese infierno está presente todos los días desde hace mucho tiempo, que miles de ciudadanos lo viven involuntariamente en Tamaulipas, Veracruz, Guerrero, Estado de México, Baja California Sur, Sinaloa, Colima, Nayarit y la Ciudad de México, entre otras regiones de la república mexicana. No en vano hace un par de semanas nuestra nación fue considerada por el Instituto Internacional de Estudios Estratégicos de Londres como la segunda más violenta, sólo detrás de Siria, debido al número de muertes dolosas.

Y coincidimos plenamente con el mexiquense cuando dice que “Cada crimen contra un periodista es un atentado contra la libertad de expresión y de prensa, y contra la ciudadanía”. A esto agregaríamos que es un ataque a la nación y a su grandeza. Por ello, los cobardes crímenes en contra de los comunicadores —como el de cualquier mexicano— no deben quedar sin castigo, sepultados con el manto de la impunidad y el valemadrismo oficial. Justicia, no más palabras.

“No podemos permitir, como sociedad y menos como gobierno, la censura ni las restricciones a la labor informativa de la prensa, la radio, la televisión, ni de las nuevas plataformas digitales”, apuntó Peña Nieto. Como deseo se escucha bonito. Ahora falta que en su administración empiecen a ponerlo en práctica, porque hoy lo han hecho de lado; la justicia, tal parece, también fue asesinada por la negligencia y corrupción que ha caracterizado a este gobierno.

Desde luego que hoy tampoco aplaudo en esta vorágine, pues, efectivamente, no se mata la verdad matando periodistas… menos con discursos, condenas y minutos de silencio mediáticos y fatuos.

@BTU15

 

 

 

 

 

 

Periodistas indefensos y un gobierno bananero: Andares Políticos, por Benjamín Torres Uballe

17 - Mayo - 2017 | 8:10 am

Andares Políticos

Periodistas indefensos y un gobierno bananero

Benjamín Torres Uballe

En México, el gobierno adolece la terrible incapacidad de prevenir situaciones, por más que estén a la vista de manera reiterada y reclamen atención urgente. Los intereses de la clase política y las corruptelas ancestrales tan adoradas han formado un entramado de tal dimensión que no les permiten “querer” advertir ciertos aspectos lesivos que afectan a la sociedad. La prevención está ausente en la agenda gubernamental, lo hemos visto a través de la historia reciente.

Lo anterior viene a colación por las ejecuciones de periodistas, que se han vuelto perniciosa costumbre en nuestro país. Según el organismo Artículo 19, tan sólo del año 2000 hasta lo que ha transcurrido del presente, 105 comunicadores fueron asesinados en la república mexicana.

Una cifra de terror, inaceptable desde cualquier óptica para la endeble democracia nacional. El grave problema de las agresiones a los profesionales del periodismo, como se ve, no es un asunto que se haya generado de la noche a la mañana. El gobierno, en sus tres niveles, conoce perfectamente la sangrienta problemática que enfrentan quienes ejercen la libertad de expresión.

Tan sólo en lo que va del presente año han sido abatidos seis periodistas, poco más de uno por mes, si se permite la expresión. Y aquí destaca el desinterés y la sospechosa negligencia de las autoridades. La enorme mayoría de los crímenes permanece sin aclarar, es decir, en la más absoluta impunidad.

De nada sirven las cínicas y ofensivas declaraciones oficiales. Tampoco las “enérgicas condenas” de todos aquellos funcionarios que deberían garantizar seguridad a quienes se dedican a informar. A ellos hay que pedirles cuentas del pésimo trabajo que han hecho. Simplemente, esos burócratas —que viven muy bien de nuestros impuestos— se limitan a emitir —desde la comodidad de sus oficinas— boletines y tuits lamentando y expresando condenas que en nada ayudan. Tienen una deuda enorme con las familias, con el país, y es tiempo de que respondan por ello.

Muestra fehaciente del evidente desinterés de las altas esferas gubernamentales para prevenir las recurrentes agresiones contra el gremio periodístico es la deficiente “labor” que desarrolla la Fiscalía Especial para la Atención de Delitos cometidos contra la Libertad de Expresión, un ente que sirve para nada, excepto para colocar a incondicionales o amigos del procurador general en turno para que vivan desahogadamente del erario. Esto es también un crimen.

Y las responsabilidades no quedan en las instancias judiciales. La deprimente actitud de la cada vez más inservible Comisión Nacional de Derechos Humanos (CNDH) es de enorme vergüenza. Dicho organismo se concreta a la comodina función de condenar sistemáticamente. Su opinión resulta, en los hechos, intrascendente.

Pero todo este conjunto de causas y razones parece tener sin cuidado a un agobiado equipo presidencial, más ocupado en otros problemas mayores —al menos así parece a la distancia—, como las elecciones en el Estado de México, o la justificada preocupación de perder la Presidencia en 2018. No obstante, dentro de su miopía política, pierden de vista que las noticias por las muertes de periodistas dan la vuelta al mundo de manera inmediata y exhiben a la actual administración priista como incompetente y demagógica, como un gobierno bananero.

Anticipar escenarios posibles es, en política, una capacidad obligatoria que no puede estar excluida de un buen mandatario y de quienes conforman el gabinete con el cual se toman decisiones. Así lo dicta la inteligencia, la ortodoxia administrativa, pero, sobre todo, el sentido común. Es imposible, por lo tanto, escudarse mezquinamente en una serie de excusas que nadie cree.

Increíblemente, en México el gobierno parece ir siempre detrás de la estrategia y artimañas de los delincuentes. Lo vemos en el combate al crimen organizado, donde ha sido superado ampliamente; también en la “ordeña” de los ductos de Pemex —lo cual se conoce desde hace décadas—; incluso en el largamente anunciado saqueo de funcionarios, hobby donde destacan los gobernadores.

Resulta, por lo tanto, una farsa grotesca que las autoridades y oportunistas del sector oficial se digan indignados por la ejecución del periodista y escritor Javier Valdez Cárdenas, en Culiacán. Y lo es porque ya existía el antecedente de las agresiones que costaron la vida, este mismo año, a Cecilio Pineda, Ricardo Monlui Cabrera, Miroslava Breach y Maximino Rodríguez Palacios. Así que, ¿dónde está la sorpresa? Las desgastadas “condenas” que lanzan en serie los gobiernos federal, estatales y municipales están de más. Se apreciaría que llevaran a cabo lo que es obligación inalienable: garantizar la seguridad a los periodistas, y a la sociedad en general. Ése es su trabajo. No las deplorables condenas ni el cúmulo de excusas, que de tan descaradas ofenden a los deudos.

Hoy, enviamos un abrazo solidario a la familia de Javier, un hombre al que sus colegas definieron con precisión: entrón, inteligente, luchón y generoso. Su impronta ahí queda: en sus libros, en sus reportajes e investigaciones periodísticas. Descanse en paz.

@BTU15      

Lesvy Berlín y la torpeza de la Procuraduría: Andares Políticos, por Benjamin Torres

9 - Mayo - 2017 | 8:13 am

Andares Políticos

Benjamin Torres

Lesvy Berlín y la torpeza de la Procuraduría

La semana pasada fue encontrada muerta en Ciudad Universitaria la joven Lesvy Berlín Osorio Martínez. El crimen causó enorme indignación entre la comunidad estudiantil de la máxima casa de estudios y amplios sectores sociales. México ha sido incapaz, a través de sus autoridades, de eliminar la violencia hacia las mujeres. Sean clasificados o no como feminicidios, es un hecho inobjetable que la aberración ahí sigue y muchos criminales andan sueltos en las calles.

A la ineptitud del Estado por garantizar seguridad a todas las mexicanas se ha sumado también, en no pocos casos, la insensibilidad de quienes intervienen en la “procuración” de justicia. La muestra más reciente fue ofrecida de manera ominosa por la Procuraduría General de Justicia de la Ciudad de México, al prejuzgar la conducta de Lesvy. La torpeza de la dependencia capitalina exacerbó el enfado de la población y obligó a su titular, Rodolfo Ríos Garza, a corregir el grave dislate de su área de Comunicación Social, pero el lesivo espíritu discriminador ya había hecho presencia.

Son constantes las vejaciones, malos tratos y pésima atención en las agencias del Ministerio Público para quienes han sufrido agresiones por su sola condición de mujeres. Si tienen la desgracia de ser pobres, indígenas o carecen de recursos, el calvario es mayor. Con todo ello, el caso referido de Lesvy no pasó desapercibido gracias a las numerosas protestas en redes sociales y a la manifestación organizada por la comunidad estudiantil en CU.

Por lo tanto, es imposible considerar como excepción la forma inaceptable en que la Procuraduría etiquetó inicialmente a Osorio Martínez. La sociedad sabe que dicho trato es cuasi sistemático. Se conoce que la atención dispensada por el tortuoso y corrupto sistema judicial mexicano parte desde la apariencia a quien debe procurarse justicia: el color de piel y la condición social son aspectos que inciden para proporcionar lo que por ley es obligado: justicia pronta y expedita. Pero en México esto es una utopía, la justicia es para quienes pueden pagarla o tienen el poder para manipularla. En caso contrario, la exclusión y la injusticia son el destino inexorable.

Con funcionarios y subordinados desinteresados en servir a la comunidad, seguirá pendiente ad infinitum una de las mayores deudas hacia los mexicanos: la falta de justicia, en especial a los menos favorecidos. Así quedó evidenciado con las desafortunadas expresiones acerca de Lesvy Berlín emitidas a priori en la Procuraduría del gobierno de Miguel Ángel Mancera Espinosa.

El actuar del órgano encargado de la procuración de justicia en la Ciudad de México contrasta con el de los alumnos y las autoridades universitarias, cuyo rector, Enrique Graue Wiechers, afirmó: “la indignación que nos provoca la tragedia que supone el fallecimiento de una mujer tan joven, es la cara de un México descolorido, lastimado y violentado. Su muerte representa todo lo que como sociedad no queremos ser”. Así de claro. Por lo tanto, lo menos que pueden hacer el procurador Ríos Garza y sus indolentes burócratas, comenzando por los de Comunicación Social, es leer y releer las palabras de Graue Wiechers. México tiene hambre y sed de justicia, lo dijo Colosio.

Y si en la Procuraduría local no les queda claro el trabajo para el que se supone que fueron contratados y pagados con nuestros impuestos, Enrique Graue señaló, además, refiriéndose al asesinato de Lesvy: “Representa también el miedo justificado con el que vivimos, la constante inseguridad que percibimos y la atroz violencia a la que indebidamente parece que nos hemos acostumbrado”.

Reiteramos esto por si en la institución capitalina consideran que están realizando una labor óptima para contener la gigantesca ola de violencia que parece cubrir cotidianamente a la ciudad capital. Los “esfuerzos” tal parece que están enfocados a reaccionar ante los hechos delictivos y no a prevenirlos, aunque esta estrategia pretenda maquillarse con el consabido control de daños y los favores de columnistas y reporteros afines que “desinteresadamente” defienden los yerros de Rodolfo Ríos Garza y su equipo de trabajo.

Hoy ha quedado exhibido otra vez, y de modo irrefutable, el trato que normalmente dispensa a la ciudadanía el deplorable sistema judicial mexicano en cualquier punto del territorio nacional. En esta ocasión el ejemplo de eficacia y humanismo nos lo obsequió a ritmo acelerado la Procuraduría General de Justicia de la CDMX, no obstante, sin duda existen casos como el de Lesvy Berlín Osorio Martínez en otros lugares de la república mexicana. Por eso nos quedamos con las siguiente palabras del rector de la UNAM:

“En este panorama vacío de valores y cargado de violencia, son las mujeres quienes más sufren. Son ellas las que miran por encima del hombro para cerciorarse de que pueden caminar seguras, y también son ellas las que más han luchado para erradicar esta lacerante realidad”. Así de contundente y triste es la realidad que enfrentan millones de mujeres en el país. Una vergüenza gigante y un sistema judicial pequeño.

@BTU15

Mancera, rebasado por la violencia en la CDMX: Andares Políticos, por Benjamín Torres Uballe

5 - Mayo - 2017 | 12:54 pm

Andares Políticos

Mancera, rebasado por la violencia en la CDMX

Benjamín Torres Uballe

“Como mexicano, no soy ajeno al clima de insatisfacción y desánimo que existe en grupos de la sociedad, pero también creo que hay oportunidad para crear las vías y la pacificación social”, señaló Miguel Ángel Mancera Espinosa, jefe de Gobierno de la Ciudad de México, al convertirse este miércoles en el nuevo presidente de la Conferencia Nacional de Gobernadores (Conago).

De manera tácita, Mancera acepta, cuando se refiere a “crear”, que entonces no existen dichas vías para lograr la pacificación social. Y motivos no le faltan al mandatario local si en la capital los niveles de inseguridad crecieron de manera alarmante. Los datos de diversas ONG muestran cómo la violencia se ha exacerbado en la metrópoli, sede de los poderes federales.

En días recientes, y con diferencia de horas, la población tuvo conocimiento del asalto a una tienda Walmart perpetrado por un comando integrado al menos por 20 sujetos. Mientras que otro grupo armado, a plena luz del día, irrumpió en una joyería del centro comercial Pabellón Cuauhtémoc para consumar un cuantioso robo de joyas y relojes, a base de “mazasos”.

Luego, tres presuntos asaltantes, ex convictos, fueron acribillados a balazos el miércoles pasado en el popular Mercado de Sonora, al intentar asaltar una camioneta repartidora de mercancías, aunque versiones de locatarios aseguran que se debió a una riña entre grupos delincuenciales que se disputan el control para realizar cobros de piso y extorsiones.

Pero no es todo. Apenas el 28 de abril pasado una pandilla de criminales asaltó e hirió a un comerciante durante el atraco a un negocio de telefonía celular en la concurrida y céntrica Plaza Meave, de donde sustrajeron equipos nuevos.

Y mientras está columna es redactada —jueves en la tarde—, llega la noticia de que otro comando asaltó una unidad trasportadora de valores en Plaza Tepeyac, obteniendo un botín de 4 millones de pesos. La incidencia en este modus operandi simplemente creció de manera incontrolable.

Todo lo anterior corresponde a delitos cometidos en una semana y que adquirieron relevancia al ser difundidos en redes sociales y medios de comunicación. No obstante, la mayoría de actos violentos en contra de la sociedad capitalina no alcanza la difusión mediática como los referidos.

A ello hay que agregar las voces de los comerciantes que se quejan por las constantes extorsiones y cobros de piso, principalmente aquellos establecidos en el corredor Roma-Condesa. Es vox populi lo que en esa zona sucede, pero el mandamás de esta urbe pareciera ignorarlo.

Sabido es que muchas de las extorsiones telefónicas se generan desde los reclusorios, supuestamente “controlados” por el Gobierno de la Ciudad de México. El terror continúa impunemente a causa de este flagelo, y las declaraciones y excusas también. Negligencia o ¿complicidad en la mina de oro que esta actividad ilegal representa?

Desde luego, es necesario referirse a la presencia del crimen organizado en la ciudad gobernada por Mancera Espinosa. Varios de los capos más relevantes han sido detenidos en suelo chilango; aunque tardó en aceptarlo, el ahora número uno de la Conago finalmente se vio obligado a admitir que diversos cárteles han hecho del antiguo Distrito Federal un centro financiero y logístico.

Si bien consideramos que Mancera es un funcionario bien intencionado, esto no es suficiente y no le alcanza para que su gestión sea evaluada como positiva. Los altos niveles de aprobación con los que arribó al poder se fueron esfumando, hasta llegar a índices de los que no se puede estar orgulloso. Cierto que la ciudad es muy compleja en su manejo por todos los intereses que aquí confluyen: políticos, económicos, sociales y culturales, y precisamente por estas variables se requieren capacidades, habilidades y tiempo completo para realizarlas con éxito.

Vamos a ver si a don Miguel Ángel le alcanza justamente el tiempo para administrar correctamente a la antigua Tenochtitlan, pues hoy, entre sus legítimas aspiraciones presidenciales —muy improbables de concretarse—, sus recurrentes viajes, y la presidencia de la Conago, sucede que la Ciudad de México ya se contagió de la violenta ola que arrasa amplias zonas del país.

Por lo pronto, según datos del Observatorio Nacional Ciudadano, el mes pasado los robos con violencia se incrementaron en la capital 12.17% y la incidencia delictiva por cada 100 mil habitantes se elevó 12.40%.; asimismo, los robos a transeúnte aumentaron 22.21%.

Más aún, de acuerdo a cifras oficiales del Secretariado Ejecutivo del Sistema Nacional de Seguridad Publica, el pasado marzo, la Ciudad de México ocupó el deshonroso segundo lugar en la cantidad de delitos cometidos al totalizar 16,429, sólo por debajo del Estado de México que sumó 22,492.

Como se ve, el desempeño del doctor Mancera no es precisamente de elogio. Sus frecuentes distracciones en la actividad gubernamental derivan en la inseguridad que azota a la ciudadanía, a pesar de los altos impuestos, imposición de parquímetros, fotomultas y demás inventos, sin mencionar el jugoso negocio de las grúas, cuyos operadores en contubernio con policías de Tránsito corruptos son capaces de mover motos o autos a sitios prohibidos para literalmente robar a los conductores con “infracciones” sacadas de la manga. Así las cosas en Manceralandia.

@BTU15

Carlos Salinas de Gortari y el alfabeto: Andares Políticos, por Benjamín Torres Uballe

3 - Mayo - 2017 | 12:19 pm

BENJAMIN2015Andares Políticos

Carlos Salinas de Gortari y el alfabeto

Benjamín Torres Uballe

A Carlos Salinas de Gortari, ex presidente de México, la opinión pública lo ha culpado de casi todo. Tanto que se convirtió en el villano favorito de la población. Por cierto, un título arrebatado con todos los merecimientos por Javier Duarte de Ochoa, ejemplo del nuevo PRI, según lo presumió de forma vehemente el presidente Enrique Peña Nieto, otrora su correligionario.

Incluso, Salinas de Gortari puede ser acusado de lo que sea, excepto de tonto. Es un hombre astuto —sagaz, diría mi amigo Castruita—, preparado y firme en sus decisiones. Si aterrizamos estos “atributos” en materia política, Salinas está muy por encima de los Duarte, de Roberto Borge y de Tomás Yarrington, -por mencionar casos recientes-, cuyas acciones delincuenciales para saquear las arcas públicas fueron tan burdas y torpes que hoy a unos los tiene en la cárcel y a otros prófugos.

Por todo ello, no debe sorprender que el mes pasado, en una conferencia durante el foro organizado por la Conferencia Latinoamericana de Estudiantes de la Harvard Kennedy School, en Massachusetts, el poderoso político que gobernó México de diciembre de 1988 a noviembre de 1994 afirmara que nuestra nación padece el problema de las tres “íes”: inseguridad, injusticia e insuficiente crecimiento económico. Vaya que le asiste la razón al distinguido priista.

No obstante, don Carlos Salinas olvidó —desconocemos si involuntaria o intencionalmente—muchas letras del alfabeto para detallar el abanico de calamidades que azotan cotidianamente al país.

La letra “A” de abuso pudo ser incluida en el diagnóstico. Es una práctica cotidiana de la clase política en su conjunto. No hay excepciones. Basta recordar a David Korenfeld, de la Conagua, y al secretario de Gobierno de Oaxaca, Alejandro Avilés Álvarez, ambos “renunciados” por el uso de helicópteros oficiales para usos personales y familiares. También el mismísimo presidente del PRI nacional, Enrique Ochoa Reza, quien se “despachó” con una liquidación millonaria cuando renunció a la CFE para irse al Revolucionario Institucional.

Desde luego que omitió la letra “C” de corrupción. Resulta imprescindible incorporarla al catálogo de pesadillas dantescas recetadas por los políticos, pues es su principal afición. Si no, sólo hay que preguntarle a Salinas qué opina del saqueo llevado a cabo por varios de los canteranos de su partido mencionados líneas arriba, y que simplemente sacaron a los ladrones que llevan dentro.

Mas no podemos obviar la letra “D” de demagogia. Una vergonzante y ancestral “técnica” usada por cuanto político manipulador y mentiroso se le pegue la gana. En la actualidad, nos dan una dosis a intervalos muy frecuentes, los candidatos al Gobierno del Estado de México: Delfina Gómez (Morena), Josefina Vázquez Mota (PAN), Alfredo del Mazo (PRI) Juan Zepeda (PRD) y Óscar González (PT). Sus propuestas carecen de viabilidad, son meras y groseras utopías.

Y está ausente en la evaluación de quien impulsó el Tratado de Libre Comercio de América del Norte en México la letra “S” de saqueo, hobby político de todo funcionario que llega al poder con el único fin de llenarse los bolsillos con recursos del erario. Aquí, en aras de ser imparcial, es necesario destacar que el deporte del saqueo lo llevan a cabo políticos emanados de todos los partidos, no hay excepciones, como está demostrado a través de los años. Aun aquellos adalides que navegan con la bandera de la honestidad valiente, despiden un fuerte aroma a saqueo y corrupción. ¿Verdad, doña Eva Cadena, “profe” Bejarano, Gustavo Ponce y Carlos Ímaz?

Faltan muchas letras para integrarlas a la exigua lista de Carlos Salinas de Gortari, como la “M” de moches, a lo que son tan proclives en el PAN. También la “N” de nepotismo, que satura de juniors el Congreso y las dependencias oficiales. Sin duda, la lista puede alargarse hasta hacer uso de todas las letras de nuestro vasto alfabeto. Los delitos e inmoralidades no caben en las tres “íes”. Pero todos los políticos sí, en el mismo costal, aunque algunos “inmaculados” lo nieguen.

Enrique Ochoa Reza y el caso Tarek Abdalá

Enrique Ochoa Reza, dirigente nacional del PRI, afirma: “Somos el partido político que ha sabido transformarse oportunamente para enfrentar con éxito los más importantes retos nacionales. Lo haremos de nueva cuenta”. Una mentira absoluta, el Revolucionario Institucional para nada se ha transformado, el dizque nuevo PRI sigue con las mismas “mañas” de siempre, están a la vista.

Está lleno de corrupción en su alta militancia. ¿Será que Ochoa Reza no se entera de las noticias? ¿Dónde exactamente está la transformación? Con cuatro ex gobernadores surgidos del PRI detenidos por delinquir (Javier Duarte, Tomás Yarrington, Andrés Granier y Mario Villanueva), uno más prófugo (César Duarte) y otros con denuncias penales (Roberto Borge y Eugenio Hernández), más el fiscal de Nayarit apresado en Estados Unidos por nexos con el narcotráfico, hacen increíble el embuste de Ochoa Reza que carece de autoridad moral luego de la injustificada liquidación que recibió cuando renunció a la CFE para brincar al PRI.

Más aun, con qué cara puede el amigo del presidente Peña Nieto hablar de cambio si en la Cámara de Diputados escondieron al diputado suplente por Chihuahua, Antonio Enrique Tarín García, prófugo de la justicia de aquel estado, hasta que obtuvo un amparo. O de la descarada protección al también diputado federal priista Tarek Abdalá, ex tesorero de Javier Duarte, para evitar el desafuero, pues está acusado del desvío de 23 mil millones de pesos. ¡Ah, qué nuevo PRI!

@BTU15

El dolor de engullirse a un hijo o el caso Javidú: Andares Políticos, por Benjamín Torres Uballe

25 - Abril - 2017 | 8:56 am

BENJAMIN2015Andares Políticos

El dolor de engullirse a un hijo o el caso Javidú

Benjamín Torres Uballe

La obligada captura de Javier Duarte de Ochoa es una función circense del sistema priista que lo creó. Hoy, el partido tricolor se ve en la imperiosa necesidad de engullirse a uno de sus más representativos ejemplos de la nueva clase política. La imposición de tan ingrata tarea parte de la presión y exigencia social. No es de motu proprio. El PRI no sólo ha tolerado por décadas las corruptelas de sus militantes que arriban al poder, sino que, incluso, las alienta sin pudor alguno.

El ex gobernador veracruzano no es el único caso en que el Revolucionario Institucional fue tolerante con el pillo que impulsó y colocó a través de los años en puestos estratégicos de la administración pública. Su mentor y antecesor, Fidel Herrera, fue premiado con el consulado de Barcelona, a pesar de los insistentes señalamientos por el supuesto desvío de recursos en detrimento de las arcas estatales. Pero el PRI guarda sistemáticamente un silencio cómplice, esperando que la flaca memoria social olvide los eternos abusos y saqueos de sus “hijos” al erario y a la población.

No obstante, quien verdaderamente adolece de amnesia es el partido del Presidente, pues pretende olvidar de manera torpe e ingenua que el México que hoy “gobierna” cambió radicalmente. La dinámica y las necesidades de los mexicanos superan con creces la pobre oferta política y social del anquilosado dinosaurio tricolor. Es evidente que la nación le queda muy grande al desprestigiado PRI. Y cada día esto se puede constatar cuando trascienden las acciones delictivas de un Javier Duarte, César Duarte, Tomás Yarrington, Roberto Borge o Eugenio Hernández, y se protege a otros consentidos priistas como Arturo Montiel, o al nefasto líder petrolero, Carlos Romero Deschamps, quien actualmente goza de fuero mediante una senaduría.

Cuando la debacle del PRI y la desaprobación a la administración peñista está en su punto más crítico, las probabilidades de que el partido oficial pierda la estratégica gubernatura del Estado de México son muy altas, debido a la desastrosa gestión del actual mandatario, Eruviel Ávila Villegas, y a la imposición como candidato de Alfredo del Mazo, primo del presidente Peña Nieto y quien no es capaz de provocar la mínima emoción entre el electorado. Todos los elementos parecen coincidir para que, en consecuencia, la residencia de Los Pinos cambie de inquilino en el 2018.

Y es aquí, precisamente, en el panorama pesimista que vislumbra el equipo presidencial, donde se gesta la desesperación por reivindicarse, por frenar la catástrofe que asoma el próximo 4 de junio y en el 2018. Sin embargo, parece una tarea imposible. Las rémoras en que se convirtieron sus ex gobernadores bandidos son insalvables y habrá de pagar la costosa factura por desarrollarlos, encumbrarlos y protegerlos. Los seis meses que tardaron en decidir la detención de Javidú, la omisión para aprehender a Yarrington, hacer como que no pasa nada con César Duarte y la evidente displicencia en el tema de Roberto Borge conformaron un coctel sumamente tóxico.

Pero el partido en el poder se aferra a su sistema arcaico, que desde hace tiempo no le aporta un ápice de beneficio. Como dijo uno de sus más célebres y recalcitrantes militantes: ni ven ni escuchan a sus gobernados, y ahí está su mayor pecado, junto a la incongruencia que llevan a flor de piel. Una prueba irrefutable es lo que están haciendo en la Cámara de Diputados para evitar a toda costa que se desafuere al diputado Tarek Abdalá, quien es señalado por la Fiscalía de Veracruz por haber desviado 23 mil millones cuando se desempeñó como tesorero con Javier Duarte.

Todo indica que el Partido Revolucionario Institucional nada aprendió de su dolorosa experiencia cuando fue echado del poder. Sencillamente, continuó de forma obcecada con las recurrentes corruptelas, las imposiciones, los saqueos, los abusos, la demagogia y la ineficacia gubernamental. Es decir, los mismos deplorables vicios de costumbre. El PRI no tiene remedio, no va a cambiar y, ante la resistencia al cambio, se deteriora cotidianamente. Los votantes se lo hicieron sentir el pasado junio cuando lo castigaron con la pérdida de siete gubernaturas. A pesar de ello, no hay transformación de fondo. Siguen aferrados a las “mañas” ancestrales que hoy ya no funcionan.

Fingir que se gobierna bien tiene repercusiones para la población, pero fundamentalmente para el gobierno, que no puede ocultar la realidad en campos tan sensibles, como la economía, lo social, lo político, lo educativo y el estado de derecho. Máxime si el gobierno mira hacia otro lado en actos como Odebrecht y Oceánica o permite que funcionarios de alto nivel reciban generosas e inmorales liquidaciones cuando renuncian a sus puestos para brincar a otro, tal como lo hizo el ex director de la CFE y actual presidente nacional del PRI, Enrique Ochoa Reza. Así es, imposible mover a México, como no sea hacia el precipicio.

@BTU15

Javier Duarte, Villano Favorito y punta del iceberg: Andares Políticos, por Benjamín Torres Uballe

18 - Abril - 2017 | 9:15 am

BENJAMIN2015Andares Políticos

Javier Duarte, Villano Favorito y punta del iceberg

Benjamín Torres Uballe

La tranquila noche del Sábado Santo fue interrumpida por una noticia que nada tenía que ver con las celebraciones religiosas o el periodo vacacional: Javier Duarte de Ochoa, el ex gobernador veracruzano, había sido detenido en Guatemala. El nuevo Villano Favorito de los mexicanos estaba en manos de la policía. Las imágenes que empezaron a circular en los distintos medios y las redes sociales mostraban el ignominioso momento de la captura de uno de los probos ejemplos priistas.

Durante seis meses, el canterano emanado del PRI —uno de los “nuevos actores de la generación política” priista, según lo definió el presidente Enrique Peña Nieto en una emisión de Tercer Grado en 2012— permaneció “misteriosamente” prófugo. Los sagaces servicios de inteligencia y policía mexicanos fueron “incapaces” durante medio año de aprehender al otrora orgullo del partido tricolor. El “sospechosismo” de protección oficial siempre estuvo presente.

Una soberbia desbordada y profunda incapacidad, pero sobre todo la perversidad patológica de saquear cuanto estuviera a su alcance exhibieron en muy poco tiempo al pillo que Duarte de Ochoa llevaba a flor de piel. El virreyzuelo jarocho arrasó con la bella entidad ante la “indiferencia” oficial, pese a las múltiples advertencias no sólo de diversas ONG, sino, incluso, de la Auditoría Superior de la Federación, la cual calificó las anomalías en el manejo de los recursos públicos como “históricas”, pues, según la dependencia, existen  desviaciones por 35 mil millones de pesos.

Pero nadie puede robarse literalmente un estado de la república sin el conocimiento del gobierno central. El aún todopoderoso presidencialismo de México permite saber lo que acontece en el territorio nacional. Por eso nadie en la administración peñista puede decirse sorprendido, ni deslindarse ante la conducta delictiva del ex mandatario veracruzano. Todos, incluido el jefe máximo del PRI, tienen responsabilidad —por no mencionar la palabra complicidad— en el vergonzoso caso duartiano.

Veracruz es hoy un cuasi estado fallido, que no se formó de la noche a la mañana. El PRI gobernó sin restricciones durante 86 años continuos. En esos sexenios floreció y se afianzó el narcotráfico en la entidad, la violencia alcanzó niveles nunca antes vistos, las fosas clandestinas se volvieron un asunto prácticamente cotidiano y las agresiones a periodistas y a los medios de comunicación se convirtieron en una herramienta eficaz para aplicar la perniciosa censura oficial y fáctica.

No obstante, el saqueo llevado a cabo por Javier Duarte y su pandilla es de tales dimensiones  que el agravio no sólo es para la sociedad veracruzana, sino para todos los mexicanos. Así que, resulta  vano pensar siquiera en que con la  aprehensión del ex gobernador priista se cierra uno de los capítulos más negros de la política nacional. Esto es únicamente una pequeña muestra del entramado que son capaces de construir los señores de horca y cuchillo, impuestos —la mayor de las veces— desde las lujosas oficinas de un gobierno “omnipotente” o partido político insensibles que desconocen las necesidades específicas de cada región. Y esto sucede sin excepción de colores.

Todo indica que la captura realizada en una semana de los prófugos canteranos del PRI, Tomás Yarrington y Javier Duarte, pretende aminorar el repudio del electorado previo a las elecciones del 4 de junio, ya que el tricolor podría sufrir otra derrota estrepitosa como el año pasado y que le costó siete gubernaturas. Nayarit, con la detención en Estados Unidos del fiscal Edgar Veytia, acusado de presuntos nexos con el narcotráfico, es de hecho una derrota anticipada del partido oficial y otra prueba fehaciente de que la cloaca priista no ha sido abierta totalmente.

César Duarte y Roberto Borge, también ex gobernadores surgidos del tricolor, integran por ahora la lista negra pendiente por depurar. El primero, fugitivo de la ley, y el segundo, con denuncias en la PGR, son los siguientes “ejemplos” del nuevo PRI —ahora caídos en desgracia— que deberán ser lanzados a los leones para intentar saciar a la exigente e impaciente opinión pública, ávida de justicia y de atestiguar el castigo que merecen quienes hurtan vorazmente al erario.

Es tanto el descrédito de la clase política y del gobierno actual que, incluso, la localización y el encarcelamiento de Javidú con fines de extradición están saturados de un fuerte aroma a “negociación” política. Algo que no sería posible descartar, pues está visto cómo se las gasta el sistema con tal de “cuidar” a sus integrantes. Y lo vimos el mes pasado cuando el PRI protegió en la Cámara de Diputados a su diputado suplente, Antonio Enrique Tarín García, quien fuera director de adquisiciones en la administración de César Duarte, para que no fuera detenido, pues tiene orden de aprehensión por peculado. Lo “hospedaron” en las oficinas del vicecoordinador de la fracción del PRI y luego en la Coordinación de la diputación priista de Chihuahua, hasta que recibió un amparo. Así se las gastan en el Revolucionario Institucional, pero también en el PAN, en el PRD, en Morena y de pilón la mercantilizada chiquillada.

Javier Duarte se ganó a pulso, y con el sudor de sus transas, el privilegio de convertirse de manera unánime en el Villano Favorito —no se hagan bolas, ustedes ya saben en lugar de quién—, pero es apenas la punta del inmenso iceberg de putrefacción política que subyace en México.

@BTU15