El dolor de engullirse a un hijo o el caso Javidú: Andares Políticos, por Benjamín Torres Uballe

25 - abril - 2017 | 8:56 am

BENJAMIN2015Andares Políticos

El dolor de engullirse a un hijo o el caso Javidú

Benjamín Torres Uballe

La obligada captura de Javier Duarte de Ochoa es una función circense del sistema priista que lo creó. Hoy, el partido tricolor se ve en la imperiosa necesidad de engullirse a uno de sus más representativos ejemplos de la nueva clase política. La imposición de tan ingrata tarea parte de la presión y exigencia social. No es de motu proprio. El PRI no sólo ha tolerado por décadas las corruptelas de sus militantes que arriban al poder, sino que, incluso, las alienta sin pudor alguno.

El ex gobernador veracruzano no es el único caso en que el Revolucionario Institucional fue tolerante con el pillo que impulsó y colocó a través de los años en puestos estratégicos de la administración pública. Su mentor y antecesor, Fidel Herrera, fue premiado con el consulado de Barcelona, a pesar de los insistentes señalamientos por el supuesto desvío de recursos en detrimento de las arcas estatales. Pero el PRI guarda sistemáticamente un silencio cómplice, esperando que la flaca memoria social olvide los eternos abusos y saqueos de sus “hijos” al erario y a la población.

No obstante, quien verdaderamente adolece de amnesia es el partido del Presidente, pues pretende olvidar de manera torpe e ingenua que el México que hoy “gobierna” cambió radicalmente. La dinámica y las necesidades de los mexicanos superan con creces la pobre oferta política y social del anquilosado dinosaurio tricolor. Es evidente que la nación le queda muy grande al desprestigiado PRI. Y cada día esto se puede constatar cuando trascienden las acciones delictivas de un Javier Duarte, César Duarte, Tomás Yarrington, Roberto Borge o Eugenio Hernández, y se protege a otros consentidos priistas como Arturo Montiel, o al nefasto líder petrolero, Carlos Romero Deschamps, quien actualmente goza de fuero mediante una senaduría.

Cuando la debacle del PRI y la desaprobación a la administración peñista está en su punto más crítico, las probabilidades de que el partido oficial pierda la estratégica gubernatura del Estado de México son muy altas, debido a la desastrosa gestión del actual mandatario, Eruviel Ávila Villegas, y a la imposición como candidato de Alfredo del Mazo, primo del presidente Peña Nieto y quien no es capaz de provocar la mínima emoción entre el electorado. Todos los elementos parecen coincidir para que, en consecuencia, la residencia de Los Pinos cambie de inquilino en el 2018.

Y es aquí, precisamente, en el panorama pesimista que vislumbra el equipo presidencial, donde se gesta la desesperación por reivindicarse, por frenar la catástrofe que asoma el próximo 4 de junio y en el 2018. Sin embargo, parece una tarea imposible. Las rémoras en que se convirtieron sus ex gobernadores bandidos son insalvables y habrá de pagar la costosa factura por desarrollarlos, encumbrarlos y protegerlos. Los seis meses que tardaron en decidir la detención de Javidú, la omisión para aprehender a Yarrington, hacer como que no pasa nada con César Duarte y la evidente displicencia en el tema de Roberto Borge conformaron un coctel sumamente tóxico.

Pero el partido en el poder se aferra a su sistema arcaico, que desde hace tiempo no le aporta un ápice de beneficio. Como dijo uno de sus más célebres y recalcitrantes militantes: ni ven ni escuchan a sus gobernados, y ahí está su mayor pecado, junto a la incongruencia que llevan a flor de piel. Una prueba irrefutable es lo que están haciendo en la Cámara de Diputados para evitar a toda costa que se desafuere al diputado Tarek Abdalá, quien es señalado por la Fiscalía de Veracruz por haber desviado 23 mil millones cuando se desempeñó como tesorero con Javier Duarte.

Todo indica que el Partido Revolucionario Institucional nada aprendió de su dolorosa experiencia cuando fue echado del poder. Sencillamente, continuó de forma obcecada con las recurrentes corruptelas, las imposiciones, los saqueos, los abusos, la demagogia y la ineficacia gubernamental. Es decir, los mismos deplorables vicios de costumbre. El PRI no tiene remedio, no va a cambiar y, ante la resistencia al cambio, se deteriora cotidianamente. Los votantes se lo hicieron sentir el pasado junio cuando lo castigaron con la pérdida de siete gubernaturas. A pesar de ello, no hay transformación de fondo. Siguen aferrados a las “mañas” ancestrales que hoy ya no funcionan.

Fingir que se gobierna bien tiene repercusiones para la población, pero fundamentalmente para el gobierno, que no puede ocultar la realidad en campos tan sensibles, como la economía, lo social, lo político, lo educativo y el estado de derecho. Máxime si el gobierno mira hacia otro lado en actos como Odebrecht y Oceánica o permite que funcionarios de alto nivel reciban generosas e inmorales liquidaciones cuando renuncian a sus puestos para brincar a otro, tal como lo hizo el ex director de la CFE y actual presidente nacional del PRI, Enrique Ochoa Reza. Así es, imposible mover a México, como no sea hacia el precipicio.

@BTU15

Javier Duarte, Villano Favorito y punta del iceberg: Andares Políticos, por Benjamín Torres Uballe

18 - abril - 2017 | 9:15 am

BENJAMIN2015Andares Políticos

Javier Duarte, Villano Favorito y punta del iceberg

Benjamín Torres Uballe

La tranquila noche del Sábado Santo fue interrumpida por una noticia que nada tenía que ver con las celebraciones religiosas o el periodo vacacional: Javier Duarte de Ochoa, el ex gobernador veracruzano, había sido detenido en Guatemala. El nuevo Villano Favorito de los mexicanos estaba en manos de la policía. Las imágenes que empezaron a circular en los distintos medios y las redes sociales mostraban el ignominioso momento de la captura de uno de los probos ejemplos priistas.

Durante seis meses, el canterano emanado del PRI —uno de los “nuevos actores de la generación política” priista, según lo definió el presidente Enrique Peña Nieto en una emisión de Tercer Grado en 2012— permaneció “misteriosamente” prófugo. Los sagaces servicios de inteligencia y policía mexicanos fueron “incapaces” durante medio año de aprehender al otrora orgullo del partido tricolor. El “sospechosismo” de protección oficial siempre estuvo presente.

Una soberbia desbordada y profunda incapacidad, pero sobre todo la perversidad patológica de saquear cuanto estuviera a su alcance exhibieron en muy poco tiempo al pillo que Duarte de Ochoa llevaba a flor de piel. El virreyzuelo jarocho arrasó con la bella entidad ante la “indiferencia” oficial, pese a las múltiples advertencias no sólo de diversas ONG, sino, incluso, de la Auditoría Superior de la Federación, la cual calificó las anomalías en el manejo de los recursos públicos como “históricas”, pues, según la dependencia, existen  desviaciones por 35 mil millones de pesos.

Pero nadie puede robarse literalmente un estado de la república sin el conocimiento del gobierno central. El aún todopoderoso presidencialismo de México permite saber lo que acontece en el territorio nacional. Por eso nadie en la administración peñista puede decirse sorprendido, ni deslindarse ante la conducta delictiva del ex mandatario veracruzano. Todos, incluido el jefe máximo del PRI, tienen responsabilidad —por no mencionar la palabra complicidad— en el vergonzoso caso duartiano.

Veracruz es hoy un cuasi estado fallido, que no se formó de la noche a la mañana. El PRI gobernó sin restricciones durante 86 años continuos. En esos sexenios floreció y se afianzó el narcotráfico en la entidad, la violencia alcanzó niveles nunca antes vistos, las fosas clandestinas se volvieron un asunto prácticamente cotidiano y las agresiones a periodistas y a los medios de comunicación se convirtieron en una herramienta eficaz para aplicar la perniciosa censura oficial y fáctica.

No obstante, el saqueo llevado a cabo por Javier Duarte y su pandilla es de tales dimensiones  que el agravio no sólo es para la sociedad veracruzana, sino para todos los mexicanos. Así que, resulta  vano pensar siquiera en que con la  aprehensión del ex gobernador priista se cierra uno de los capítulos más negros de la política nacional. Esto es únicamente una pequeña muestra del entramado que son capaces de construir los señores de horca y cuchillo, impuestos —la mayor de las veces— desde las lujosas oficinas de un gobierno “omnipotente” o partido político insensibles que desconocen las necesidades específicas de cada región. Y esto sucede sin excepción de colores.

Todo indica que la captura realizada en una semana de los prófugos canteranos del PRI, Tomás Yarrington y Javier Duarte, pretende aminorar el repudio del electorado previo a las elecciones del 4 de junio, ya que el tricolor podría sufrir otra derrota estrepitosa como el año pasado y que le costó siete gubernaturas. Nayarit, con la detención en Estados Unidos del fiscal Edgar Veytia, acusado de presuntos nexos con el narcotráfico, es de hecho una derrota anticipada del partido oficial y otra prueba fehaciente de que la cloaca priista no ha sido abierta totalmente.

César Duarte y Roberto Borge, también ex gobernadores surgidos del tricolor, integran por ahora la lista negra pendiente por depurar. El primero, fugitivo de la ley, y el segundo, con denuncias en la PGR, son los siguientes “ejemplos” del nuevo PRI —ahora caídos en desgracia— que deberán ser lanzados a los leones para intentar saciar a la exigente e impaciente opinión pública, ávida de justicia y de atestiguar el castigo que merecen quienes hurtan vorazmente al erario.

Es tanto el descrédito de la clase política y del gobierno actual que, incluso, la localización y el encarcelamiento de Javidú con fines de extradición están saturados de un fuerte aroma a “negociación” política. Algo que no sería posible descartar, pues está visto cómo se las gasta el sistema con tal de “cuidar” a sus integrantes. Y lo vimos el mes pasado cuando el PRI protegió en la Cámara de Diputados a su diputado suplente, Antonio Enrique Tarín García, quien fuera director de adquisiciones en la administración de César Duarte, para que no fuera detenido, pues tiene orden de aprehensión por peculado. Lo “hospedaron” en las oficinas del vicecoordinador de la fracción del PRI y luego en la Coordinación de la diputación priista de Chihuahua, hasta que recibió un amparo. Así se las gastan en el Revolucionario Institucional, pero también en el PAN, en el PRD, en Morena y de pilón la mercantilizada chiquillada.

Javier Duarte se ganó a pulso, y con el sudor de sus transas, el privilegio de convertirse de manera unánime en el Villano Favorito —no se hagan bolas, ustedes ya saben en lugar de quién—, pero es apenas la punta del inmenso iceberg de putrefacción política que subyace en México.

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¿Crisis o no crisis? He ahí el dilema: Andares Políticos, por Benjamín Torres Uballe

5 - abril - 2017 | 7:55 am

benjamin2015Andares Políticos

¿Crisis o no crisis? He ahí el dilema

Benjamín Torres Uballe

El Presidente de la República se supo arropado, muy seguro, y entonces se dejó llevar por la euforia y el deseo de quedar bien con las Fuerzas Armadas, que en tiempos recientes han sido vituperadas por ciertos grupos y alguno que otro aspirante presidencial. Ahí sí le aplaudieron.

“Quienes les digan que vivimos en un país que está en crisis, crisis es seguramente lo que pueden tener en sus mentes, porque no es lo que está pasando. Y las cifras hablan por sí mismas”, dijo el mandatario a militares y marinos acompañados por sus familias, en un encuentro el pasado 28 de marzo en el Campo Militar Número 1. Saludos, selfies e, incluso, abrazos dominaron el escenario.

Y el presidente Enrique Peña Nieto se anotó un buen punto al acercarse a los integrantes del Ejército y la Armada, pues a pesar de las acusaciones —muchas sin pruebas, como la de Andrés Manuel López Obrador—, las fuerzas castrenses son de las instituciones que generan mayor confianza entre la sociedad, lo cual ya es mucho decir en estos tiempos tan convulsos donde impera la corrupción.

No obstante, al analizar las palabras del Presidente, se descubre de inmediato más emoción que razón. Si bien México no se está cayendo a pedazos —como algunos quisieran—, tampoco vivimos en un paraíso. No, cuando en menos de un mes se ejecutaron a tres periodistas; no, si un trío de pillos ex gobernadores del PRI están prófugos (los Duarte y Yarrington); tampoco si se descubren megafosas clandestinas, o en el Congreso se reparten bonos secretos y en los órganos autónomos se despachan con salarios y prerrogativas que están fuera de lugar, en un país donde abundan los pobres; menos si un periódico en Ciudad Juárez se ve obligado a cerrar por amenazas, o el fiscal de un gobierno priista es apresado en Estados Unidos acusado de nexos con el narcotráfico.

Por eso es discutible la afirmación presidencial en cuanto a la ausencia de crisis. Y lo es si durante el transcurso de su administración se han generado dos millones más de pobres hasta totalizar  55.3, y la corrupción campea sin freno en el gobierno, amén de los dantescos niveles de violencia que todos los días aterroriza a la población en cualquier lugar de la República, los cuales, por cierto, representaron 18% del PIB nacional el año pasado, según informó este martes el Instituto para la Economía y la Paz en México.

Aquí hemos insistido en que sí existen acciones positivas realizadas por el gobierno peñista. Negarlo no sólo es necedad, sino mezquindad pura. Sin embargo, esos logros resultan exiguos ante el alud de aspectos negativos que no ha logrado solucionar el equipo presidencial y que, incluso, en algunos puntos han empeorado. Por ejemplo, el desempeño mismo de Peña Nieto, quien ha sido cuestionado infinidad de ocasiones. Los datos duros así lo demuestran, como los siguientes:

De acuerdo a la encuesta “México: política, sociedad y cambio. Escenarios políticos”, de GEA-ISA, en el quinto año de gobierno del mexiquense la evaluación ciudadana del trabajo presidencial continúa desplomándose, ya que actualmente quienes la aprueban únicamente alcanza el 19% contra 77% que la reprueba. La calificación más baja del sexenio.

Lamentablemente no es todo. Su credibilidad —señala el propio estudio— también está en niveles mínimos: sólo 5% le cree mucho al Presidente; 63% no le cree nada. ¿Es posible gobernar de manera eficaz con tales calificaciones? ¿Es posible creer que no hay crisis cuando los gobernados piensan lo contrario? La percepción generalizada es que la nación  va en un mal rumbo económico y político, precisa la encuesta de GEA-ISA, pues 76% de los encuestados considera que el país está por la ruta equivocada en materia económica, es decir, 3 de cada 4 no están de acuerdo; mientras que en el tema político la situación es aún más crítica, ya que las respuestas establecen en 82% que México transita por el camino erróneo. Aquí recordamos aquello de Vox populi, vox Dei.

Sobra decir que la “boleta de calificaciones” presentada en forma de encuesta por las consultoras GEA-ISA, por lo pronto, tendrá efectos en las próximas elecciones del 4 de junio en el Estado de México, Coahuila, Nayarit y Veracruz. ¿De qué dimensión? No lo sabemos, pero ocurrirá, no hay duda. De tal manera que la crisis no es un invento, una ocurrencia surrealista, febril fantasía, o simples ganas de molestar creadas en las mentes inquietas. Existe, es real. Ahí quedan los datos  de las diversas consultoras, incluso de las propias instancias gubernamentales. ¿Ah, y los 28 turistas alemanes asaltados en Chiapas este martes? También son testimonio de que la crisis, al menos en seguridad, es inobjetable.

¿Crisis o no crisis? Aquí no hay dilema. Definitivamente existe.

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AMLO vs. AMLO: Andares Políticos, por Benjamín Torres Uballe

29 - marzo - 2017 | 7:29 am

benjamin2015Andares Políticos

AMLO vs. AMLO

Benjamín Torres Uballe

Pareciera que Andrés Manuel López Obrador tiene alta posibilidad de triunfar en las elección presidencial de 2018. Diversas encuestas —que deben ser tomadas con extremo cuidado en su análisis— ubican como puntero al dueño de Morena en las preferencias electorales. En este supuesto, es la base social construida por el tabasqueño la que pudiera colocarlo en Los Pinos, con la evidente preocupación del PRI, PAN y la chiquillada que les “aporta” votos al mejor postor.

No obstante, el hasta hoy panorama favorable para el Rayito de Esperanza podría cambiar radicalmente si no termina por comprender que debe corregir el tono y los destinatarios de ciertos mensajes, en los que definitivamente se ha equivocado una vez más. Nadie olvida en el país su desafortunada frase, cuando furibundo mandó al diablo a las instituciones. Aquellas de las que,  hoy día se beneficia a través de Morena. Una incongruencia mayúscula, como otras.

Basta precisar que López Obrador se enfrascó innecesariamente en una confrontación con el Ejército, al que  señaló como uno de los responsables de la desaparición de los 43 normalistas en Iguala. La respuesta de la institución castrense no se hizo esperar y, sin llamarlo siquiera por su nombre, le “desarmaron” su dicho al conminarlo a que si tiene pruebas de ello, las presente ante las autoridades respectivas. Simplemente quedó exhibido como alguien que acusa sin pruebas.

A la réplica de las Fuerzas Armadas se sumó la avalancha de críticas por parte del oficialismo. Sencillamente aprovecharon el nuevo dislate de Andrés Manuel para tundirle y mostrarlo como el eterno político violento que atenta contra el respeto a las instituciones del Estado. Mas es el propio líder de Morena quien, con su propensión a la respuesta rápida y poco reflexionada, da los argumentos a sus detractores y rivales para el infaltable “golpeteo político”.

Cuando empezaba a ganar terreno la percepción de mesura en el discurso, incluso luego de lograr un acercamiento con empresarios, AMLO se enredó de manera infantil y peligrosa en dimes y diretes durante una visita a Nueva York con uno de los padres de los estudiantes desaparecidos, a quien llamó “provocador”. Luego vinieron las declaraciones en contra del Ejército. Ninguno de estos temas le aportó un ápice de beneficio; por el contrario, lo colocan —ante el beneplácito de aquellos que lo quieren ver otra vez como el constante perdedor— en un derrotero que sólo beneficiaría al Partido Revolucionario Institucional y al Partido Acción Nacional, en ese orden.

Las condiciones sociales y políticas que privan en el país favorecen al aspirante morenista. La gestión del gobierno actual ha quedado muy lejos de las expectativas y necesidades de la población. Así lo demuestran los dos millones más de pobres que se han registrado en lo que va de la administración peñista. El repudio por el alza a los combustibles y gas no es poca cosa. Tampoco el desplome en los índices de aprobación a la tarea presidencial, que sólo confirma el hartazgo ciudadano a todo lo que significa el PRI y los gobiernos surgidos de éste.

Desde luego que la evidente protección —por omisión o acción— a pillos emanados del Revolucionario Institucional —Javier Duarte, Tomás Yarrington y las denuncias en contra de Roberto Borge y César Duarte—, junto a escándalos como el de la Casa Blanca, abonan a favor del Mesías Tropical. Sin embargo, éste no debe perder el piso. Es verdad que determinados sectores de la sociedad lo ven como una opción para ocupar la silla presidencial, pero no por sus méritos democráticos —es de lo que menos puede presumir; basta recordar otra de sus frases célebres: “El movimiento soy yo”—, sino por la complicada situación en que tiene al país el Ejecutivo federal y su gabinetazo. Por cierto, un entorno similar cuando se dio la alternancia PRI-PAN en el 2000.

Quienes realmente tienen la esperanza de que López Obrador atempere sus palabras en temas políticos colocan su deseo en una quimera. Andrés Manuel no cambiará. En su ADN lleva las respuestas a priori, sin medir las consecuencias. Ése es su talón de Aquiles, la irreflexión. Y es esta deficiencia tan marcada —por llamarla de algún modo— su enemigo más letal, el que lo puede vencer por tercera ocasión en su obsesión por hacerse del poder en México.

Mucho insiste Andrés Manuel —en forma irónica— a sus archirrivales —y ex correligionarios— del PRI en que deben “serenarse”, que ya no estén tan nerviosos. Sí, por supuesto, los tiene bastante inquietos. Saben que los pueden echar nuevamente de la residencia presidencial. Sin embargo, el consejo debe aplicárselo el propio López Obrador para acotar su incontinencia verbal, que lo ha metido en graves dificultades ante la opinión pública y los electores.

Andrés Manuel López Obrador está ante la oportunidad real de llegar a la Presidencia de México, pero la puede tirar por la coladera si no cambia de fondo su forma de asumir los retos que conlleva ser un candidato serio y deja de ser el parlanchín bravucón; el “buscapleitos de taberna”, como alguna vez lo etiquetó su entonces compañera en el PRD y presidenta de la Cámara de Diputados, Ruth Zavaleta.

Veremos qué decide AMLO, si ajusta el plan de vuelo o continúa errático en su retórica. Puede llegar, triunfar… sólo falta que lo asuma, pues hoy el verdadero enemigo a vencer es él mismo.

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Veracruz, la podredumbre: Andares Políticos, por Benjamín Torres Uballe

22 - marzo - 2017 | 10:49 am

benjamin2015Andares Políticos

Veracruz, la podredumbre

Benjamín Torres Uballe

Una expresión superlativa de cinismo y frivolidad la regaló en 2014 Javier Duarte de Ochoa, siendo gobernador de Veracruz. Cuestionado por los reporteros sobre el tema de la inseguridad, afirmó: “Antes se hablaba de balaceras y asesinatos, de participación de la delincuencia organizada, y hoy hablamos de robos a negocios, de que se robaron un Frutsi y dos Pingüinos en el Oxxo”.

De ese tamaño eran el descaro y la anomalía cerebral del canterano priista, que en muy breve tiempo se reveló como lo que es: un auténtico delincuente. Hoy, con Duarte sospechosamente prófugo, en la entidad siguen descubriéndose fosas clandestinas, exhumando cadáveres y restos humanos prácticamente por toda esa región. La estupidez o complicidad del mandatario emanado del PRI le “impedía” darse cuenta de la brutal ola de violencia que desde entonces imperaba.

Es aterrador lo que sucede en el estado jarocho. Las evidencias lo exhiben como una megafosa, donde basta rascar un poco la tierra para que aparezcan los macabros testimonios de la incontenible y demencial inseguridad que tiene aterrorizada y sometida a la sociedad veracruzana.

Actualmente, parece rutinario encontrar casi 300 cadáveres en el sitio conocido ya como La Alberca, en Colinas de Santa Fe, o descubrir otros lugares en el municipio de Alvarado, con 47 cráneos y más restos humanos. La barbarie no se consumó en un día. El gobierno, en sus tres niveles, ha sido omiso, negligente e incapaz en esta tragedia nacional. Muchos organismos civiles, locales y del extranjero alertaron en muchas ocasiones lo que estaba sucediendo en Veracruz. El gobierno federal prefirió no destapar la cloaca y mantuvo en la gubernatura a Duarte de Ochoa. Las desapariciones y los ríos de sangre continuaron; incluso, todo muestra que han ido al alza.

Pero la violencia originada por los diversos grupos criminales no se limita a ellos mismos. Los comunicadores se han convertido en víctimas recurrentes. Ricardo Monluí Cabrera es el caso más reciente. El periodista, quien era director del diario El Político de Xalapa, El Político de Córdoba y del portal elpolitico.com.mx, que además presidía la Asociación de Periodistas y Reporteros Gráficos de Córdoba, fue ejecutado frente a su familia el pasado domingo.

Veracruz es, sin duda, el estado de la república más peligroso para ejercer el periodismo. Así lo confirma también la Comisión Nacional de los Derechos Humanos (CNDH), pues asegura que en esa entidad se produce el mayor número de homicidios de periodistas registrados en México.

Según datos de la propia CNDH, con la muerte de Ricardo Monluí Cabrera, van 122 homicidios de periodistas en el país desde el año 2000, de los cuales 20 se han registrado en Veracruz, “por lo que esa entidad federativa continúa siendo las más peligrosa para ejercer el periodismo en nuestro país”, ratificó la Comisión en un comunicado este 19 de marzo.

La administración peñista ha manifestado el deseo de que las buenas noticias de su administración se divulguen y tiene razón, debe hacerse. Sin embargo, infaustas noticias como las surgidas en Veracruz acaparan los reflectores mediáticos y la atención de la comunidad internacional por la saña, la cantidad y la frecuencia de los crímenes que dan lugar a éstas. Y siendo condescendientes, las preguntas serían: ¿hay algo bueno que celebrar en Veracruz? ¿El gobierno ha hecho lo necesario para frenar y combatir el infierno provocado por el crimen organizado?

Veracruz padece, de facto, un estado de sitio impuesto por las bandas criminales que realizan actividades de narcotráfico, secuestro, cobro de piso, extorsiones, robo de autos y cientos de ejecuciones e inhumaciones clandestinas. Mientras la anarquía sepultó desde hace años el estado de derecho, una guerra política se desarrolla entre el nuevo gobernador, Miguel Ángel Yunes Linares, del PAN, y las huestes del PRI. El resultado es que la bella entidad se ve afectada por esa disputa entre ambos partidos, a los cuales no importa la ciudadanía, sino exclusivamente sus lucrativos intereses. Por ello es que sigue impune Javier Duarte y a Fidel Herrera se le consiente.

Resulta imperativo señalar que, por todo el evidente entorno de violencia, caos y desgobierno, el estado de Veracruz se encuentra convulso y sumergido hasta el cuello en la podredumbre generada y tolerada por los diversos gobiernos priistas. Es más, en las increíbles paradojas que tiene este país, es un ex priista —ahora enrolado en la bandera panista— quien gobierna y debe poner en orden el tiradero de la saqueada entidad. Misión que se antoja difícil de llevar a cabo en dos años.

@BTU15

Derroche en la democracia electoral: Andares Políticos, por Benjamín Torres Uballe

16 - marzo - 2017 | 9:26 am

BENJAMIN2015Andares Políticos

Derroche en la democracia electoral

Benjamín Torres Uballe

Perdida entre la avalancha de información —frívola, mucha de ésta—, los medios impresos, electrónicos y digitales prácticamente ignoraron la semana pasada un dato valioso que dio a conocer Integralia, la consultora dirigida por Luis Carlos Ugalde: el costo de la democracia electoral para 2017 asciende nada menos que a la exorbitante cifra de 29 mil 525 millones de pesos.

La cantidad es, en principio, no sólo una ofensa para los 55 millones de pobres que han generado los gobiernos desde hace décadas, sino una inmoralidad absoluta. No existe argumento alguno para justificar los vastos recursos públicos destinados a los nueve partidos políticos —que por sí mismo es ya una aberración— y a los organismos encargados de los procesos electorales y su vigilancia.

Es evidente la fragilidad democrática mexicana que, además, dista mucho de consolidarse. El camino para lograrlo está lleno de peligros a causa de múltiples factores. Todo indica que el más pernicioso es precisamente la facilidad con la que reciben dinero público los implicados en el lucrativo negocio que significa la “democracia electoral”, como la define atinadamente Integralia.

Por eso abundan los partidos políticos, porque constituyen la mejor manera de vivir a expensas de los impuestos aportados por los mexicanos; mediante estos, se obtienen envidiables prerrogativas, se hacen jugosos negocios, se practica el nepotismo,  se pueden ofrecer los servicios de apoyo al mejor postor y se puede negociar favorablemente con el gobierno en turno.

Así de perversas son las leyes en la materia que permiten tales abusos. Leyes que, por cierto, han diseñado y aprobado quienes de una u otra manera mandan en los partidos políticos y que hoy se benefician de ese entramado impulsado por la nomenclatura desde los círculos más altos del poder y avalado por el servil Poder Legislativo. Todo en esta materia lo han colocado a su favor.

Un ejemplo del uso y abuso para mantener la dichosa democracia electoral son los 4 mil 028 millones de pesos que totaliza el costo presupuestario de las elecciones que se llevarán a cabo el próximo 4 de junio en los estados de México, Coahuila, Nayarit y Veracruz, donde deben renovarse 3 gubernaturas, 2 congresos locales (55 diputaciones) y 270 ayuntamientos.

De esa millonada, ¿qué creen?, el 58.8% corresponde al gasto operativo de los organismos públicos locales electorales (OPLE); 34.3% al financiamiento público a partidos con registro estatal, y 6.9% al presupuesto de los tribunales electorales locales. Es decir, se gasta en algo cuya aportación es, además de exigua, cuestionable. No está comprobado que a mayor despilfarro — pues no se puede llamar de otra manera—, so pretexto de la llamada democracia electoral, ésta mejore substancialmente. No son los ciudadanos los que se benefician, sino los vivales de siempre.

Y la epidemia de constituir partidos políticos a diestra y siniestra, lejos de acotarse, se extiende como plaga. En las elecciones de este año participarán los 9 institutos políticos con registro a nivel nacional, pero se sumarán 8 locales, ¡imagínense!, 17 partidos compitiendo y demandando dinero para ello. Por supuesto que los fondos provienen de los impuestos pagados por los mexicanos, que van a una causa inútil repudiada por no pocos ciudadanos.

Todavía la inconformidad social se exacerba cuando es del conocimiento general la opacidad y el modo con que se manejan y dilapidan los recursos asignados a partidos y organismos electorales. Sólo hay que ver, entre otras muchas cosas, los elevados e injustificados sueldos de consejeros y funcionarios del INE —empezando por su presidente— y los de los magistrados del TEPJF.

Sin duda que el vergonzoso monto destinado al mantenimiento de la referida democracia electoral es, por ahora, cuasi ocioso, considerando su ineficacia, puesto que no redunda en el bienestar de los mexicanos a través de una mejor democracia. Es necesario que las partidas monetarias dedicadas a mantener a tanto parásito que vive a expensas del erario bajo la bandera de la democracia electoral sean asignadas a otros rubros de valía como la educación, investigación, ciencia y tecnología, salud, y procuración e impartición de justicia.

Insistir obcecadamente en privilegiar a los lesivos partidos políticos y al obeso sistema electoral en su conjunto es un despropósito gigante que abona al mal “humor social”. México tiene prioridades urgentes con la población, sí, con ésa donde uno de cada dos habitantes está en la pobreza, según estadísticas del Coneval. Por esto, es condenable obsequiar recursos que literalmente se “chupan” sin pudor alguno los entes referidos.

El nivel de frustración y hartazgo en la sociedad está a niveles que se pueden desbordar en cualquier momento. El gobierno debe entenderlo así y corregir políticas erróneas que afectan a la ciudadanía y sólo benefician de facto a los grupos políticos —sin excepción— y a la élite gubernamental. Sobre todo si a pillos como Javier Duarte se le permite saquear un estado y, además, dejar que se escape. Ahí radica la incoherencia entre lo que se pregona oficialmente y la realidad cotidiana, como ya lo dijimos, del uso y abuso de los recursos públicos, máxime cuando esto se disfraza con la pretendida “democracia electoral”.

@BTU15

Mujeres, la grandeza de México: Andares Políticos, por Benjamín Torres Uballe

8 - marzo - 2017 | 9:36 am

BENJAMIN2015Andares Políticos

Mujeres, la grandeza de México

Benjamín Torres Uballe

A Guille, Amaranta, Ange, Norma, Pao, Lili y Natota

Hoy, el mundo celebra el Día Internacional de la Mujer. Una conmemoración de oropel. Su utilidad se reduce a las mismas declaraciones y promesas inútiles y demagogas de los dirigentes de organismos mundiales y de los gobiernos en muchos países; compromisos que muy pronto quedan olvidados. La fecha sirve únicamente para la foto y procurarse notoriedad en los medios.

La barbarie contra las mujeres poco ha cambiado a lo largo de la historia. En pleno siglo XXI la grosera y cada vez más profunda brecha entre ambos sexos continúa aumentando en la mayoría de las sociedades. En alto número de casos, las féminas son discriminadas y menospreciadas en las familias, las escuelas, el matrimonio, el trabajo o el entorno, y son victimizadas por el simple —pero privilegiado— hecho de ser mujeres. Así es la aberración humana en este tema.

Incluso, en los tiempos modernos, se ha exacerbado el odio por la sola naturaleza de ser mujer. Ahí están los feminicidios, hechos deleznables que avergüenzan y aterrorizan al mundo, además de que exhiben, al mismo tiempo, las conductas retrógradas y estúpidas de individuos cuya salud mental habría que analizar. El ejemplo más reciente de esto lo dio lastimosamente el eurodiputado polaco Janusz Korwin-Mikke, quien aseguró: “Por supuesto que las mujeres deben ganar menos que los hombres porque son más débiles, más pequeñas, menos inteligentes”.

El descerebrado legislador es una muestra de cómo piensan aún ciertos barbajanes machistas. No obstante, esos patanes, de abyecto pensamiento, son también vulgares embusteros. Las mujeres están muy distantes de ser débiles, pequeñas y menos inteligentes. Por el contrario, poseen una fortaleza envidiable, en ellas radica la grandeza como una de sus principales virtudes. Quien lo dude sólo tiene que mirar al seno de su propia familia. Afirmar de manera burda que tienen menos inteligencia es una falacia ruin. La civilización y el progreso se han logrado por hombres y mujeres.

Actualmente, el mal llamado sexo femenino se ha incorporado de forma exitosa a prácticamente  todas las actividades y disciplinas, consideradas otrora exclusivas de los hombres. El camino para ellas ha sido arduo, intrincado y lleno de obstáculos. Nadie les ha regalado absolutamente nada, lo han logrado a base de trabajo, de tenacidad, de no cejar en sus legítimos propósitos para desarrollarse profesional y socialmente en un ámbito donde priva el machismo y las trabas.

Pero no existen dificultades que las damas no sean capaces de salvar. Lo mismo son galardonadas en las ciencias o en las artes, que las vemos pilotar un gigantesco Boeing 787, o viajar al espacio, conducir un taxi, vestir el uniforme de policía o de bombero, integrar los Congresos en no pocas naciones, presidir gobiernos, diseñar y construir enormes rascacielos, dirigir grandes empresas. También están informándonos en los distintos medios de comunicación, incluso, desde el modesto pero valioso trabajo en una fábrica, oficina y sucursal bancaria. Pero el más valioso, el indispensable, es el que realizan cotidianamente en los hogares, con las familias. ¿Dónde está lo frágil, lo pequeño?

México, por su parte, es uno de los países con mayores deudas ancestrales hacia las mujeres. El avance para saldarla es a cuentagotas, en el papel existen supuestos logros para garantizar la seguridad física y desarrollo de las mexicanas, pero ahí se ha quedado; en la realidad ello es letra muerta. Como muertas son las miles de mujeres a las que en la república mexicana se les ha quitado la vida ante el desinterés y la negligencia de los tres órdenes de gobierno. Es un grave y vergonzoso problema nacional que las autoridades han sido incapaces de reconocer plenamente y mucho menos de solucionar. Se han concretado a declarar alertas de género, como si ello fuese a solucionar la tragedia per se. En el Estado de México existe la mencionada declaratoria para 11 municipios y no se han logrado frenar las brutales agresiones. Pura e inútil burocracia.

Seguramente las instancias oficiales se volcarán con las consabidas felicitaciones. Abundarán las infaltables fotos de los funcionarios —de todos los niveles—, abrazando a las “ejemplares mujeres”, al orgullo de México, dirán las huecas palabras de todos los miembros del Gabinete, mientras permiten que esas mujeres, a quienes durante todo el año ignoran, se tomen con ellos la “selfie”.

Un inextricable camino es el que aún deben recorrer las compatriotas en aras de un mejor nivel de vida y desarrollo en este México donde lo que sobra es machismo, discriminación, acoso y violencia. A ello deberán sobreponerse igual que lo han hecho desde hace siglos, pues es evidente que la cacareada igualdad de género en la iniciativa privada es exigua, aunado a que una mujer gana menos por el mismo trabajo realizado por un hombre mientras que en el sector público es a regañadientes y sólo de membrete en el mejor de los casos.

Desde aquí enviamos una felicitación sincera a las mujeres que con el trabajo diario desde sus trincheras —cualquiera que sea— equilibran y desarrollan decididamente la parte positiva de este México nuestro, donde no todo son políticos, delincuentes, vividores, o ex gobernadores ladrones prófugos. La gran mayoría es gente bien nacida, entre ella, nuestras mujeres… afortunadamente.

@BTU15

Los frentes del Presidente: Andares Políticos, por Benjamín Torres Uballe

1 - marzo - 2017 | 8:25 am

BENJAMIN2015Andares Políticos

Los frentes del Presidente

Benjamín Torres Uballe

Faltan 21 meses para que concluya la administración peñista. El Presidente de México es agobiado por un prematuro desgaste político, que se refleja en la baja aprobación a su labor por parte de la sociedad. Diversos frentes se abrieron en contra del inquilino de Los Pinos. El que más erosionó la credibilidad del mandatario fue el de la Casa Blanca y le siguió el llamado caso Iguala. Ambos lo persiguen hasta hoy y se convirtieron en un pesado lastre del que no supo librarse.

Luego vino el triunfo de Donald Trump y aumentaron los problemas para el mexiquense —y para el país—. Esto ya no cabe en la categoría de “frente”, sino, por sus dimensiones extraordinarias, bien puede ser considerado un auténtico boquete en la línea de flotación del barco que comanda  Enrique Peña Nieto. El “dictadorzuelo” que gobierna a la unión americana se convirtió en la peor pesadilla del Ejecutivo federal. La cancelación de inversiones y la indiscriminada deportación de connacionales no tardaron en llegar. Las amenazas funcionaron.

El terrorismo del “peliteñido” tiene en la zozobra al equipo presidencial. Que si abandona el TLC, que si va contra las cuantiosas remesas que envían nuestros paisanos, que si aplica un impuesto a las exportaciones mexicanas, incluso, en el colmo de su evidente senilidad, ya quedó manifiesta su locura de enviar tropas norteamericanas. Sí, la preocupación no es en modo alguno menor.

A lo anterior, hay que sumar otros frentes domésticos que traen de cabeza a Peña Nieto y compañía. Uno de ellos es el delicado asunto de los gasolinazos, cuyo desaseado manejo tuvo alto costo, con fuego puro que está latente, y puede terminar de incendiar el ya de por sí profundo descontento social. Parece que hoy han logrado atenuar el disgusto de la población en este tema, sin embargo, no se descarta que lo estén realizando de manera artificial para apaciguar los enardecidos ánimos. La impericia política del gabinete dio la excusa perfecta para el caos que vimos luego de aplicarse el alza a los precios de las gasolinas.

También está presente en la lista de los frentes abiertos del Presidente el aumento indiscriminado de la deuda pública. “Cuando Enrique Peña Nieto asumió la Presidencia de México, a finales de 2012, el saldo de la deuda bruta del sector público federal llegaba a 33.9 % del PIB; al finalizar el año 2016 este monto ha aumentado poco más de 15 puntos porcentuales para ubicarse en 49.1% del PIB”, señala el Centro de Estudios Espinosa Yglesias en su análisis “Crecimiento Económico y Empleo en México durante 4 Trimestre 2016, y Análisis de la Deuda del Gobierno Federal”.

Desde luego que éste es un asunto candente por las serias consecuencias que podrían derivar de ello. Tan delicado resulta que ya diversas calificadoras internacionales han alertado sobre el endeudamiento del gobierno y la posible reducción de la calificación crediticia a México. La situación se agrava porque buena parte del dinero prestado no se destina a infraestructura, sino a gasto corriente que nada positivo aporta al desarrollo del país ni al beneficio de la sociedad.

Claro que no se puede obviar el infierno de la inseguridad que cotidianamente azota a la república mexicana. El crimen organizado y el “desorganizado” están muy lejos de ser controlados por las autoridades, que se ven superadas por la“plata o el plomo”. La corrupción es parte de ese pandemónium. La suma de corruptelas e ineficacia redunda en caudalosos ríos de sangre.

Pero, por sobre todos los perniciosos “frentes” con los cuales debe “lidiar” el gobierno federal y su jefe máximo, destaca el de la falta de credibilidad. Actualmente son escasos los ciudadanos que ilusamente confían y aprueban el trabajo del huésped de Los Pinos. Y los motivos son muchos y justificados. La tolerancia —por decirlo de manera suave— que el priista número uno y su partido han tenido para pillos como Javier Duarte, Roberto Borge, César Duarte  y Tomás Yarrington, entre otros canteranos del PRI, sólo exhibe ante la opinión pública una condenable e inmoral protección que en nadie pasa desapercibida. Por eso el “mal humor social”, por eso nadie aplaude, por eso se privilegian las malas  noticias sobre las exiguas buenas nuevas. La impunidad es una constante.

Resulta sumamente complicado aparentar que el país marcha en el rumbo correcto, que en realidad existe el tan pregonado estado de derecho, cuando los mexicanos nos enteramos cada día del desvío de recursos oficiales —léase saqueo— por gobernadores, dependencias gubernamentales y la alta burocracia. Una muestra es lo que la Auditoría Superior de la Federación concluyó para el Estado de México —la tierra del presidente Peña— gobernado por  Eruviel Ávila Villegas (PRI), en el sentido de que no pudo demostrar el destino de mil 943 millones de pesos provenientes de fondos federales (Reforma 27-02-2017).

Nadie quiere, efectivamente, que a nuestra nación le vaya mal, desearlo es dispararse en el pie, a la mayoría de nosotros nos iría mal, no hay duda. Pero, salvo el tema del hitleriano y deschavetado Trump, el resto de los frentes que aquejan al presidente Peña Nieto y su gabinete han sido originados por ellos mismos. Ya lo dijimos: la “Casa Blanca”, el torpe manejo de los 43 normalistas, el despilfarro gubernamental, Javier y César Duarte, Betito Borge, Tlatlaya, incluso las imposiciones de amigos y familiares en puestos públicos, como Eduardo Medina Mora en la SCJN, Raúl Cervantes Andrade en la PGR y el afán de colocar al servil Virgilio Andrade donde se pueda.

Es hora de cerrar todos esos maliciosos frentes, si es que aún le interesa al señor Presidente, para rescatar algo de credibilidad y evitar que se profundice la debacle del PRI en las elecciones de este año y las presidenciales del 2018. Acciones son las que faltan. Palabras, demagogia y soberbia sobran.

@BTU15

Elecciones en Edomex, nada para nadie: Andares Políticos, por Benjamín Torres Uballe

22 - febrero - 2017 | 7:58 am

BENJAMIN2015Andares Políticos

Elecciones en Edomex, nada para nadie

Benjamín Torres Uballe

Para comprobar la desastrosa gestión de Eruviel Ávila Villegas al frente del Estado de México, sólo basta con mirar lo que sucede en el peligroso municipio de Ecatepec, o los otros 10 municipios donde se declaró la alerta de género por la incontenible ola de feminicidios, ya que el mandatario priista no ha podido con el tema de la inseguridad. Los atracos cotidianos en el transporte público, a casas habitación, comercios y el narcotráfico tienen aterrorizada a la población. Todo ello, entre otras cosas,  dinamitó las ilusiones presidenciales de don Eruviel.

No obstante, es necesario reconocer la habilidad de Ávila Villegas para operar favorablemente en beneficio del PRI, el escenario político previo al proceso electoral que se llevará a cabo en la entidad mexiquense, acción que seguramente ven con suma alegría en el despacho presidencial y, muy probablemente, en el futuro seremos testigos de alguna recompensa por tan eficaz labor.

Cuando ya se especulaba con la cuasi alianza entre PAN y PRD, mediante la cual podía vislumbrarse una derrota del PRI, sucedió una “magia”, de ésas a la que nos tienen acostumbrados los políticos nacionales: no se concretó dicho acuerdo; los pretextos de ambos partidos son muchos. Campanas de júbilo resonaron en la Residencia Oficial de Los Pinos. El camino para retener la gubernatura del estratégico Estado de México fue allanado. “Divide y vencerás”, quedó como anillo al dedo para describir la estrategia usada. Al Revolucionario Institucional le volvió la vida.

Hoy, el panorama del próximo 4 de junio —cuando los mexiquenses elegirán nuevo gobernador— cambió radicalmente para el tricolor. A pesar de la pésima decisión tomada por el priista número uno del país, para imponer a su primo, Alfredo del Mazo Maza, como candidato de “unidad”, no hay duda de que toda la poderosa maquinaria peñista estará apoyando incondicionalmente a su ungido —por cierto, hijo y nieto de ex gobernadores de la entidad—. Sin embargo, ello no garantiza el éxito.

Mas las posibilidades de que el muy influyente grupo de priistas que manda en el Estado de México se haga nuevamente de la gubernatura aumentaron con la llegada de la señora Josefina Vázquez Mota como candidata del PAN. La panista no arriba con las mejores cartas de presentación, luego de haber sido señalada por recibir del gobierno federal 900 millones de pesos para su organización Juntos Podemos, entre el 2015 y 2016. Esto la coloca en una difícil posición de credibilidad respecto a su independencia con la administración de Peña Nieto. Está visto que no se puede servir a dos amos, máxime cuando uno de ellos es proveedor de grandes recursos oficiales.

Por lo que respecta al PRD, sus tribus se han afanado en acabar con el sol azteca y vaya que lo han logrado. Lo que resta del partido competirá en el Estado de México sin la menor oportunidad ya no de triunfar, sino competir decorosamente. Lo que llegó a ser un verdadero partido de izquierda será mera comparsa y, probablemente, será enviada hasta el cuarto lugar por detrás del PRI, PAN y Morena.

La sorpresa, en cuanto al número de votos que podría obtener, ya se anticipa: será Morena, el partido propiedad de Andrés Manuel López Obrador. Beneficiario del pésimo papel y los exiguos niveles de aprobación a la tarea del gobierno encabezado por Enrique Peña Nieto, el Mesías Tropical ha sabido sacar raja de las ineficacias gubernamentales. Su discurso en contra de lo que él llama la “mafia del poder” le ha redituado simpatías que se reflejan en diversas encuestas para ubicarlo como puntero en las preferencias electorales rumbo al 2018. Sin embargo, esto no le alcanzará para que, a través de su candidata, Delfina Gómez Álvarez, pueda hacerse del gobierno en la entidad que hoy controla Eruviel Ávila.

Pero en política no todo está escrito ni existen verdades absolutas. Las sorpresas no deben descartarse, pues muchas cosas pueden ocurrir. La turbulenta era que vive México con la llegada del fascista Donald Trump a la Casa Blanca puede mover, hasta extremos impensables, muchas de las variables actuales en temas tan delicados como lo social, lo económico y, desde luego, lo político. Así que todo es posible. Partiendo de que los votantes descarrilen otra vez al PRI —como sucedió el pasado 5 de junio, hecho que le costó siete gubernaturas— y que el PAN, aun con la señora Vázquez Mota, pudiera convertirse, sin proponérselo, en la primera gobernadora, incluso, no debe dejarse de lado que el voto de castigo pudiera beneficiar a Morena para llevarlo a un triunfo sorprendente. Así están las cosas en la llamada “elección del orgullo”, donde no hay nada para nadie.

Definitivamente, nada está decidido. El peligroso entorno y el hastío de la ciudadanía con los políticos y la clase gobernante en general generan un clima de incertidumbre, en el que nada, insistimos, puede darse por hecho. Habremos de observar en las próximas semanas cómo los contendientes se dan hasta con la cuchara, a menos que ya exista un “acuerdo previo” y sólo deban simular una inexistente competencia. Por lo pronto, el único ganador hasta hoy es Eruviel Ávila.

@BTU15 

Jacinta, Alberta y Teresa vencen al Gobierno: Andares Políticos, por Benjamín Torres Uballe

20 - febrero - 2017 | 8:55 am

BENJAMIN2015Andares Políticos

Jacinta, Alberta y Teresa vencen al Gobierno

Benjamín Torres Uballe

Hablar de la justicia en México es abordar una de las deudas más añejas y grandes del Estado con la sociedad. Sin justicia plena, ningún país puede enarbolar la bandera de la democracia. En todo caso, a lo más que podrá aspirar es al nivel de nación bananera. La historia conoce, de manera vasta, un sinnúmero de casos en todo el mundo, donde la impartición de justicia es mera farsa.

México, tristemente, encaja en esa clasificación. El sistema judicial mexicano no goza de buena fama; por el contrario, y eso toda la población lo sabe, incluso muchos ciudadanos han padecido alguna vez la vergonzosa corrupción, ineficacia, malos tratos y burocratismo que irremediablemente, y de manera oprobiosa, forman parte de dicha estructura.

Desde los policías ministeriales, pasando por el detestable Ministerio Público, hasta jueces, magistrados, y ministros integran —salvo honrosas excepciones— la penosa y profunda cadena de corrupción. La podredumbre —según lo ha evidenciado una larga lista de asuntos judiciales conocidos por la opinión pública— es imposible de ocultar. El caso de la secuestradora francesa Florence Cassez o el del narcotraficante Rafael Caro Quintero son plena muestra de ello.

Y para que no quede duda de lo anterior, está el lamentable tema de las tres mujeres hñähñú:  Jacinta Francisco Marcial, Alberta Alcántara Juan y Teresa González Cornelio, quienes injustamente pasaron más de tres años en prisión, luego de ser acusadas en el 2006 del secuestro de seis “indefensos” agentes de la Procuraduría General de la República (PGR) en un tianguis de Querétaro.

Lo endeble de las “pruebas” con las que fueron incriminadas las mujeres y lo torcido del proceso, junto con las presiones de diversas ONG, finalmente obligaron al gobierno mexicano a excarcelarlas. El Tribunal Federal de Justicia Fiscal y Administrativa (TFJFA) sentenció a la PGR —después de un extenso litigio— a indemnizarlas y ofrecerles una disculpa pública. Como suele pasar en México, la dependencia dio largas para acatar el fallo. Finalmente, la procuraduría a cargo de Raúl Cervantes Andrade —uno de los primos consentidos del sexenio— anunció el pasado martes —el Día del Amor y la Amistad— que cumplirá la orden y llevará a cabo el acto de reconocimiento de inocencia y disculpa pública para Jacinta, Alberta y Teresa.

El reconocimiento se realizará el próximo martes 21 de febrero, a las 12:30 horas, en el Museo Nacional de Antropología e Historia, en la Ciudad de México, “para reivindicar la identidad de las mujeres indígenas”, señaló la Procuraduría. La obligada acción que ejecutará la PGR constituye per se el reconocimiento pleno del gobierno federal a la sordidez con la que se “maneja y administra” la justicia en nuestro país. Se confirma que la justicia real se aplica favorablemente si se tiene para pagarla. Si no se cuenta con los recursos para ello, entonces se corre el riesgo de padecer un infierno, tal como lo vivieron las tres mujeres que fueron vituperadas por el abyecto sistema judicial, que está demasiado lejos de lo que demandan los mexicanos.

“Yo veo un México con hambre y con sed de justicia. Un México de gente agraviada, de gente agraviada por las distorsiones que imponen a la ley quienes deberían de servirla, de mujeres y hombres afligidos por abuso de las autoridades, o por la arrogancia de las oficinas gubernamentales…”, así lo alertó en 1994 el entonces candidato del PRI a la Presidencia, Luis Donaldo Colosio. Sólo pasaron 17 días después del memorable discurso en el Monumento a la Revolución cuando lo asesinaron en Tijuana. De ese tamaño es la cloaca que tocó y que sigue existiendo. Quizá por eso la justicia en México dista de ser pronta y expedita. Es, más bien, una inagotable mina de oro para muchos que no están dispuestos a dejar de explotarla.

Desde luego que México —a decir de especialistas y académicos— posee leyes a la altura de cualquier democracia avanzada. El problema estructural radica en su aplicación turbia, las más de las veces sujeta a intereses socio-económicos e incluso políticos. La discrecionalidad es un factor que rige en el sistema judicial; ello trae como consecuencia: impunidad, reincidencia y desigualdad, al tiempo de ubicar a nuestra nación muy distante de una democracia que sirva para el anhelado progreso del que tanto precisan los 120 millones de mexicanos.

En tanto no haya instituciones sólidas y respetables, cuya labor sea incontrovertible, la república mexicana no dejará de ser, en muchos aspectos, eso: un país bananero. Decirlo duele, pero es una verdad irrefutable. Está en las manos de la sociedad obligar a los órganos y a los integrantes que conforman el cuestionado y desprestigiado multicitado sistema judicial a cumplir estrictamente con tan delicada tarea.

Hoy nos congratulamos por la importante victoria de las tres mujeres originarias, y quienes se esforzaron para que a regañadientes se les hiciera justicia. La pregunta no puede evadirse: ¿Cuántas jacintas, albertas y teresas hay en las cárceles de México, condenadas a padecer el dantesco terror de la injusticia?

@BTU15