Universo paralelo

16 - julio - 2012 | 9:00 am

Primero lo primero

Paulina Chávez Alonzo

Destacado:

El PRI tendrá que negociar con la oposición para aprobar cualquier reforma legislativa, sobre todo las llamadas “estructurales” que se han empezado a poner sobre la mesa

El PRI ganó la Presidencia pero no obtuvo mayoría en el Congreso. A pesar de haber ganado por más de tres millones de votos, el próximo gobierno tendrá que enfrentar una Cámara de Diputados dividida exactamente a la mitad (por un lado PRI, PVEM y Panal y por el otro PAN, PRD, PT y MC) y un Senado donde con todo y sus aliados no sumará más de 62 integrantes.

Por lo tanto, tendrá que negociar con la oposición para aprobar cualquier reforma legislativa, sobre todo las llamadas “estructurales” que se han empezado a poner sobre la mesa y que, por implicar modificaciones a la Constitución, necesitan el aval de las dos terceras partes de los legisladores.

No es un escenario desconocido, al contrario. Desde 1997, los presidentes Zedillo, Fox y Calderón se han encontrado en la misma situación; sin embargo, sí es un escenario inesperado, pues el gran arrastre y aceptación que mostró el candidato del PRI durante la campaña hizo suponer que ese partido se llevaría “el carro completo”.

En lugar de eso, la ciudadanía optó por un voto diferenciado y con ello hizo evidente que la desconfianza prevalece y no se olvidan fácilmente varias décadas de abusos y opacidad, producto precisamente de la falta de controles y contrapesos.

En ese sentido el resultado es positivo, pues se fomenta la inclusión de todas las fuerzas en la toma de decisiones y la construcción de acuerdos. Sin embargo, no lo es del todo, pues cabe la posibilidad que, como ha ocurrido en los últimos años, esta composición frene también los avances impostergables que demanda el país y los sustituya por modificaciones cosméticas que no cambien gran cosa.

En los últimos días, el PAN ha señalado que acompañará, ahora como oposición, las iniciativas del PRI; incluso se habla del inicio de las negociaciones para echar a andar cuanto antes los procesos legislativos de los que surgirán las reformas energética, laboral y hacendaria.

El ánimo es bueno pero desafortunadamente tenemos un esquema que depende precisamente de eso, de la buena voluntad y la disposición de las fuerzas políticas. Mantenemos un sistema que no fomenta la corresponsabilidad entre poderes ni sanciona la inacción, lo cual ha permitido que los diagnósticos permanezcan guardados en un cajón, en espera de “los tiempos políticos idóneos”.

Esto es lo primero que tendría que cambiar. El gobierno entrante tendría que aprovechar el capital político con el que llega y la buena disposición para aprobar una verdadera reforma política, que profesionalizara las labores del Congreso a través de la reelección consecutiva, que obligara a transparentar el trabajo en comisiones, que ampliara los periodos de sesiones y que incluso fomentara la instauración de un gobierno de coalición que garantice el tránsito de los acuerdos  y con ello haga más eficientes a ambos poderes.

Sólo entonces se trataría de una transformación real y sostenida que permitiría aprobar reformas a la altura de las expectativas de la sociedad.

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