Universo paralelo

11 - junio - 2012 | 9:00 am

Buenas campañas y buenas elecciones

Destacado:

No se puede perder de vista que son un periodo atípico, marcado por la promesa, los mensajes efímeros, la sonrisa permanente, el photoshop, la mejor cara que todos ponemos cuando queremos caer bien u obtener algo

Paulina Chávez Alonzo

Las campañas y los procesos electorales son una etapa especial en la que la mayoría de gente se involucra en la política, da sus opiniones, analiza los hechos desde muy diversas perspectivas, defiende sus posturas y, en general, se hacen presente las filias y las fobias de los ciudadanos.

En este momento, cuando estamos a pocos días de la elección, es difícil encontrar alguna sobremesa o conversación que no se haya contagiado y aborde al menos de manera superficial el rumbo de la contienda electoral con sus respectivas proyecciones.

Para eso sirven las campañas, para llegar a todos los ciudadanos, pero especialmente a aquellos que no están cotidianamente interesados en política. Los candidatos tienen muy claro que nadie gana con el voto duro y, particularmente en esta elección, el voto de los indecisos será definitivo.

Así, se planean giras, se conceden entrevistas, se organizan reuniones con diferentes sectores de la sociedad y se confrontan ideas a través de los debates; se diseñan spots, se buscan frases que identifique la gente y se difunden canciones pegajosas que no excedan el tiempo estándar de 30 segundos, pues la sociedad de hoy también demanda inmediatez.

Las campañas permiten a los ciudadanos conocer a aquellos que pretenden alcanzar un cargo de elección popular, cuestionarlos, observarlos desde diferentes ángulos y analizar su capacidad de reacción o respuesta ante situaciones incómodas o inesperadas. Ese es su valor.

Sin embargo, no se puede perder de vista que son un periodo atípico, marcado por la promesa, los mensajes efímeros, la sonrisa permanente, el photoshop, la mejor cara que todos ponemos cuando queremos caer bien u obtener algo. Las campañas son un primer acercamiento, pero no pueden quedarse ahí, menos aun cuandola Internety los nuevos medios de comunicación permiten hacer una investigación y análisis a fondo de las conductas previas o las posturas asumidas de quienes pretenden gobernarnos.

Por ejemplo, ¿por qué creer que, de llegar ala Presidencia, alguno de los candidatos impulsaría los cambios estructurales que requiere el país, si sus partidos no lo han hecho antes, con todo y que los diagnósticos se conocen desde hace mucho tiempo? Si la respuesta es porque el Congreso no lo ha permitido, entonces ¿cómo garantizará el vencedor que ahora sí logrará convencer a los legisladores?, o peor aún, ¿qué nos garantizaría que ahora sí votarían a favor de reformas que ellos mismos han frenado o votado en contra?, ¿cómo creerle a un candidato, con todo y que sea muy elocuente y carismático, cuando habla de progreso y educación y al mismo tiempo abandera un partido que precisamente representa lo contrario?, ¿cómo creer que un partido dejó atrás las prácticas autoritarias y represivas que lo caracterizaron, cuando vemos ese modelo replicado en los estados que aún gobierna? Y así podemos seguir con una larga lista de incongruencias.

Hacer buenas campañas es responsabilidad de los políticos y sus asesores. Ese es su trabajo. Hacer una buena elección es responsabilidad de los ciudadanos. Haber dejado atrás la apatía y la indiferencia de antaño es un paso significativo en la consolidación democrática; el siguiente es ir más allá de la superficie y no decidir nuestro voto en función de una imagen, sino con base en hechos y acciones que, desde siempre, dicen más que las palabras.

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