Liso y llano

20 - febrero - 2012 | 5:00 am

Redes sociales

Luis Llaca

Destacado:

La actual legislación no contempla mesura o censura en su uso, ya que es difícil comprobar quién está detrás de cada cuenta; por lo tanto, pudiera pensarse que existe una laguna en la norma aplicable

Twitter: @llacaman

En diversos medios de comunicación algunos analistas abordan la utilidad de las redes sociales respecto a su uso o mal uso en el proceso electoral que hemos de vivir en los próximos meses, desde luego por la importancia que representa en función de que lo que está por definir el elector.

Al parecer, la actual legislación no contempla mesura o censura en el uso de las redes sociales, ya que es difícil comprobar quién está detrás de cada cuenta; por lo tanto, pudiera pensarse que existe una laguna en la norma aplicable.

De cualquier modo, hoy prácticamente todos los contendientes tiene presencia en Internet, ya sea a través de una página web o mediante alguna red social, lo que demuestra claramente que existe un mercado meta que hay que atender.

Por otra parte, resulta difícil comprender cómo la actividad de un político puede dejar de promover su imagen o tratar de ganar adeptos, si de hecho es un ejercicio sustancial en el quehacer, además de que, al tratar los asuntos públicos de frente a un auditorio, lo más común es que se le pregunte al candidato qué solución tiene para determinado tema, y para ello necesariamente tendría que hablar en primera persona.

Otro de los temas relacionados a la elección es el “momento de silencio”, en el cual lo que más habrá es ruido. Mi inquietud con respecto a ello se basa en que esta etapa podría utilizarse para descalificar a determinada opción y con ello generase las llamadas “campañas negras”, en donde predomine la atención por escándalos mediáticos, actos que desde mi óptica mancharían el proceso y en el peor de los escenarios pudieran generar desajustes sociales.

Ojalá esta tentación sea superada por la madurez de los actores, ya que en nada favorece a nuestra joven democracia, mucho menos a la paz social de la cual tanto nos vanagloriamos.

Los tiempos que vienen son tiempos difíciles, en los que surgirán muchas tentaciones para mantener el poder. Nadie en sano juicio podría imaginar en que este proceso sea de “miel y amor”; los contendientes saben a lo que se exponen y conocen los riesgos.

Los electores tenemos obligaciones, entre ellas la de informarnos a fondo, ya que quienes no tienen una definición clara por un determinado partido o persona son presa fácil de la mercadotecnia, una herramienta de uso común en los días por venir.

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